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Cultura fenicia

November 17, 2012 por Cesar   Comentarios (0)

    1. Introducción
    2. Ubicación geográfica
    3. La cultura Fenicia
    4. Evolución histórica de la Cultura Fenicia
    5. Origen
    6. Biblos
    7. Tiro
    8. Organización política y social de los fenicios
    9. Otros aspectos importantes de la cultura fenicia
    10. Guerras Púnicas
    11. El Líbano
    12. Conclusiones
    13. Bibliografía consultada
    14. Anexos

    Introducción

    El fenómeno de la colonización fenicia no es fácil de analizar, comúnmente se ha pensado en una de expansión colonial en la que se fundarían, más que colonias, pequeñas factorías comerciales destinadas al comercio con los indígenas y a la explotación de las zonas ricas en recursos. Con esto se buscaba contraponer esta expansión fenicia con el proceso de colonización griega que se caracterizaba por ser una expansión motivada bien por el exceso demográfico en la metrópoli, bien por tensiones sociales, y destinada a la apropiación de territorio para su puesta en explotación. Sin embargo, esto es simplificar el problema, la expansión fenicia es un proceso complejo y costoso que sólo pudo ser realizado por un estado fuerte y en plenitud de sus facultades económicas y que se caracterizó por su heterogeneidad. Así, no todos los asentamientos se fundaron por el mismo motivo; mientras que Gadir servía para abastecerse de metales mediante su conexión con las rutas atlánticas que funcionaban desde hacía siglos (no olvidemos que se encontraba justo enfrente del núcleo principal de la cultura tartésica), Ibiza, por ejemplo, demuestra tanto el interés por controlar la navegación hacia Occidente -Ibiza constituye una escala fundamental en el viaje desde Oriente-, como la voluntad de llegar a los mercados indígenas del Este y Norte de la Península. En este trabajo, se intentarán contestar a una serie de preguntas relacionadas con el proceso colonial. En primer lugar, ¿Por qué?, es decir, se analizarán las posibles causas que impulsaron a los fenicios ha llevar a cabo una empresa tan compleja y arriesgada. Seguidamente se analizará el ¿cómo? de la expansión, es decir, las condiciones medioambientales y técnicas bajo las cuales se realizó dicha expansión y de que manera estas la condicionaron. En tercer lugar, se expondrán una serie de aspectos generales de la colonización como son las relaciones con la metrópoli y los indígenas o el urbanismo de las colonias más relevantes. Para finalizar, se intentará responder al ¿Donde? o lo que es lo mismo, se expondrán de forma ordenada los asentamientos semitas más importantes identificados hasta el momento por todo el mediterránea.Para sus transacciones utilizaban el trueque. Esto se debió sobre todo a que los pueblos con los que comerciaban no conocían la moneda. Según referencias del historiador griego Heródoto, los fenicios solían practicar el trueque mudo.

    Ubicación geográfica

    Ubicación geográfica temporal de Fenicia (Porque después de que son invadidos los fenicios se trasladan a Cartago en África)

    Continente: Asia.

    Limites:

    Norte: Asia menor y Asiria

    Sur: El Monte Carmelo y Palestina

    Este: Montes Líbanos

    Oeste: Mar Mediterráneo

    La Fenicia histórica se extendía sobre una estrecha franja costera de 40 km, desde el Monte Carmelo hasta Ugarit (unos 300 km). Su suelo montañoso y no apto para la agricultura orientó a sus habitantes hacia las actividades marítimas, más aún teniendo en cuenta que, al quedar dividido en pequeñas ciudades-estado separadas por espolones rocosos, era más apto para el cabotaje que para las relaciones terrestres entre las ciudades que se escalonaban desde Acre y Tiro, por Sidón y Biblos, hasta Arados y Ugarit. Al ser un estrecho paso entre el mar y el desierto de Siria, en contacto al sur, a través de Palestina y del Sinaí con Egipto, y al norte, a través del Éufrates, con Mesopotamia y Asia Menor, estaba destinada a ser una rica encrucijada comercial, codiciada por los grandes imperios vecinos

    En diversas épocas, se destacaron distintas ciudades:

    w Biblos (3000 a.C.): Su importancia se debió a su relación comercial con Egipto.




    w Sidón (1400 - 1100 a.C.): Durante este período, la ciudad de Sidón se convierte en la más importante hasta ser invadida por los filisteos.

    w Tiro (1100 - 750 a.C.): La ciudad fue construida en una isla cercana a la costa con importantes puertos naturales. Fue sometida por asirios, caldeos, persas y grecorromanos. Sus habitantes la trasladaron a Cartago, al norte de Africa, en el año 815 a.C.

    Bibliografía: Harden, Donald. Los fenicios. Biblioteca de Historia, Ediciones Orbis S.A. Barcelona, 1965

    Monografias.com

    La cultura Fenicia

    Durante mucho tiempo fueron un pueblo muy desconocido. Citados únicamente por Homero en La Odisea y en La Ilíada, por Plinio y por algunos pasajes de la Biblia. En el actual Líbano y la costa de Siria, una serie de tribus que hablaban lenguas semíticas se establecieron en pequeñas aldeas de pescadores en la costa. Los asentamientos fueron creciendo hasta convertirse en ciudades como Ugarit, Biblos y Sidón. La geografía resultaba demasiado accidentada para comunicarse fácilmente por tierra entre ellas. Cada una de ellas fue constituyéndose en un estado autónomo, centrados en la buena marcha de los negocios. Un monarca al frente de cada ciudad defendía sus intereses frente a otros estados y potencias de la época (Egipto, Babilonia y Asiria). Los hábiles pactos con los vecinos, especialmente filisteos y judíos, resultaron efectivos. Cuando las circunstancias lo requerían rendían vasallaje y pagaban tributos a las grandes potencias. La tolerancia a los extranjeros, autorizados a asentarse en la ciudad y montar sus propios negocios, resultó conveniente. Por su mediación se evitaron presiones excesivas de las grandes potencias.

    Establecidos en el país de Canaán hacia el s.XXVIII a. J.C. Su verdadero origen se ignora (¿Arabia, país de Amurru, país de Edom y de Moab?), se mezclaron con los autóctonos (habitantes paleolíticos y neolíticos, de los que existen vestigios en Ra's-Samra) y se establecieron en la costa del monte Carmelo hasta Ugarit. Fundaron numeroso puertos (Arados, Smyrna, Trípoli, Yubayl-Biblos, Beritos, Sidón, Tiro y 'Akka), para los que escogían cabos o islas próximas a la costa, que los protegían de los vientos (S-N) y les servían de refugio en caso de invasión (Tiro y Arados); se orientaron deliberadamente hacia el mar, que, por medio de la navegación de cabotaje, les permitía establecer relaciones más fácilmente que la tierra. Desde el III milenio entraron en contacto con Egipto, país al que suministraban madera (cedro, abeto) para sus barcos, aromas, aceites y resina, y por el que estuvieron muy influidos. Sobre todo Biblos y Sidón desde el s.XVIII, mantenían relaciones con los egeos, dueños del mar (cretenses y posteriormente micenios), que frecuentaban sus puertos. De este modo, cuando la invasión de los pueblos del mar (c.1200) los liberó de la tutela egipcia, pudieron reemplazar el poder egeomicénico, arruinado por los dorios. A partir de entonces conservaron su independencia bajo la tutela de Tiro, alcanzaron una era de gran prosperidad. Su área de influencia se extendió progresivamente; por una parte, desempeñaron el papel de agentes e intermediarios entre occidente y oriente (controlando, por tierra, los puntos a donde iban a parar las caravanas del desierto [Hama, Damasco y Thapsaco] y en donde adquirían las mercancías orientales), y, por otra, fundando, alrededor del Mediterráneo, numerosas factorías y colonias comerciales. En el s.X se instalaron en Chipre y, en las costas de Asia Menor (Panfilia y Licia), donde chocaron con los griegos, que los desbancaron de Rodas, de las Espóradas y de las Doradas, donde habían permanecido durante algún tiempo. Buscaron entonces nuevos mercados en el Mediterráneo occidental: prudentemente, dejaron Tirrenia a los etruscos y a los griegos, y establecieron en Sicilia occidental, en las islas de Malta, Gozo y Pantelleria, bases propicias para el comercio con Africa (s.IX); a través de Cerdeña e Ibiza habían llegado, en la Península ibérica, al país de Tarsis (Gades, s.XI), donde sus barcos recogían estaño y la plata procedentes de la península o de las islas Casitérides. A su regreso, aprovechando las corrientes de las costas africanas y por mediación de sus antiguas colonias de Hippo Diarrhytus y Utica (1100), llegaban a Cartago (814-813) y al golfo de la pequeña Sirte (Hadrumeta y Leptis). Al compás del desarrollo de los mercados comerciales, los artesanos prosperaban en las ciudades (monopolio de las lanas teñidas con la púrpura del murex recolectado en las costas de África, Creta y Egeo; cerámicas y objetos de lujo), abasteciendo a los barcos con telas, bordados, cueros, púrpura, perfumes, etc.

    Evolución histórica de la Cultura Fenicia

    Alrededor de la mitad del tercer milenio antes de Cristo, Fenicia forma parte del complejo cananeo. Por entonces existían dos grandes poderes: el africano (Imperio Egipcio) y el poder asiático (Imperio Mesopotámico) con importantes e intereses políticos, comerciales y culturales.

    Durante el siglo XVIII y principios del siglo XVII los cananeos desarrollan su poderío militar y económico.

    A fines del siglo XVII los indoeuropeos (hititas) y los hurritas avanzaron hacia el sur entrando en el área fenicia.

    Los príncipes hiksos avanzaron desde Asia hacia Egipto y gobernaron Egipto y Canaan, a pesar de ello Canaan mantenía su independencia y tranquilidad.

    En 1580 la dinastía XIII egipcia arrojó a los hiksos y a partir de entonces una oleada de conquistas egipcias inundó el Levante hasta el Alto Eufrates y las ciudades fenicias, fueron anegadas por ella. Ciudades como Simira, Aradus, Beritus, Sarepta, Biblos, Tiro y Sidón habían comenzado a formar su cultura canenea, pero por aquel entonces Egipto era todavía demasiado potente para permitirles desarrollarse. Asimismo, el control egeo sobre el Mediterráneo oriental prácticamente bloqueaba el camino para la colonización fenicia.

    En el siglo XIV vinieron del oeste los micénicos, quienes durante dos siglos habían sido los directores de toda la actividad comercial del Mediterráneo oriental y habían establecido asentamientos de mercaderes dentro de las ciudades cananeas.

    A ellos hay que añadir que, en el sur, uno de los numerosos grupos de Pueblos del Mar que dominaron gran parte del Mediterráneo oriental a finales de la Edad del Bronce, los filisteos (Pulusati), ocupó una ancha franja de la llanura costera, probablemente a fines del siglo XIII.

    Pero, además en el siglo XIII, el Exodo trajo a los israelitas bajo el mando de Josué, a Canaán.Así con los cananeos del Sur oprimidos por los filisteos y los hebreos, y los del Norte presionados duramente por los hititas y amorreos, la única área cananea independiente hacia 1200 antes de J.C. era la franja costera central.

    Hacia mediados del milenio seguido a de C., en una época de incesantes movimientos de pueblos, ciertos grupos semitas, originarios del desierto arábigo, llegaron al Eufrates medio. Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en dirección a Palestina. En el siglo XII a C. formaron reinos en zonas cercanas al mar Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se destacaron los fenicios y los hebreos. Aunque con características propias, ambos pueblos, al ser vecinos de civilizo clones tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron muchos elementos culturales de estas regiones. Costumbres, artes, ideas, posaron de un lugar a otro y de un pueblo al otro. Sufrieron también el impacto de circunstancias externas amenazantes, pero lograron desarrollarse sin excesivos sobresaltos antes de la formación de los grandes imperios asirlo, neobabilónico y persa.

    Los fenicios, de origen semita, se establecieron en la costa de Siria, región del Asia occidental comprendida entre dos montes del Líbano y el mar Mediterráneo. La región que ocuparon, llamada luego Fenicia, era una estrecha franja litoral de 200 km de largo por 35 6 40 km de ancho. Es una costa abierta que permite la navegación y que soplan vientos en dirección a la isla de Creta y Egipto. Gracias a estas condiciones, los fenicios se convirtieron en uno de los primeros navegantes de la historia, y también dieron origen a una de las primeras civilizaciones marítimas. Así como el Nilo fue un estímulo para el desarrollo de la cultura egipcia y el Tigris-Eufrates para a Mesopotamia, el mar Mediterráneo fue un elemento primordial para el desarrollo de la cultura fenicia.

    Evolución histórica Fenicia nunca formo un estado unificado sino que estuvo integrada por ciudades-estados independientes entre sí y en ocasiones enfrentadas. En caso de un enemigo común solían unirse en una confederación. En determinadas épocas, algunas de las ciudades lograban tener la hegemonía, sin que desaparecieran las demás. Los fenicios también sufrieron varias dominaciones extranjeras: los asirios, los neo-babilónicos y los persas. Sin embargo, esto no resultó un freno para sus actividades. Tres ciudades lograron en distintas épocas la supremacía sobre las demás: Biblos, Sidón y Tiro.

    Aunque sus habitantes tuvieron una civilización homogénea y se consideraban una única nación, Fenicia no fue un estado unificado sino un grupo de ciudades-reino, una de las cuales normalmente dominaba a las demás. Las ciudades más importantes eran Simyra, Sarepta (Sarafand), Biblos, Gabala, Arados (Ruad), Akka (Acre), Sidón (Sayda), Tripolis (Trípoli), Tiro (Sur) y Berito (Beirut). Tiro y Sidón se alternaron como emplazamientos del poder gobernante.

    Diversos contingentes de semitas empezaron a establecerse en aquella pequeña región, en época muy remota (posiblemente el milenio III a. C.) Pero estas tribus semíticas, cuya unión formó el pueblo fenicio, sufrieron la poderosa influencia de los grandes estados vecinos, Babilonia y Egipto, quienes sucesivamente asentaron su dominación en Fenicia.

    Los babilonios, desde el tiempo de Hamurabi, convirtieron a Fenicia en un ala de su imperio. Luego, los egipcios hicieron lo mismo, en tiempos de los faraones Thutmoses III y Ramsés II. Pero más tarde, hacia el 1200 a. C., los fenicios lograron emanciparse de Egipto, y desde entonces vivieron independientes por más de 400 años, hasta que los subyugaron los asirios, pueblo conquistador y guerrero que dominó todo el Cercano Oriente.

    La cultura fenicia, por esto, fue una fusión de la egipcia y babilónica. El interés histórico de los fenicios no radica, pues, en la originalidad de su cultura, ni en su importancia política o guerrera, dada la pequeñez territorial de Fenicia y su escasa intervención en las luchas de los grandes imperios. El mérito de los fenicios consiste en el maravilloso impulso que dieron a la navegación mediterránea, en el desarrollo comercial e industrial que alcanzaron sus ciudades y en el talento que demostraron para adaptar a sus necesidades algunos elementos de las culturas egipcia y babilónica, tales como la escritura, a la que simplificaron creando el primer alfabeto.

    Mientras vivieron independientes, los fenicios no tuvieron unidad política: se agruparon en pequeñas ciudades, libres y soberanas, que luchaban, a veces, por la hegemonía.

    Biblos tuvo mucha importancia económica en tiempos de la dominación egipcia. Luego la sucedió Sidón, cuyos barcos acapararon el comercio del Mediterráneo oriental. Finalmente, Tiro, a partir del 1100 a. C., se convirtió en la gran metrópoli económica del mundo antiguo.

    Los fenicios tuvieron un importante desarrollo de la estética a través del arte. Desarrollaron importantemente la cerámica creando vasijas y recipientes con varios colores. Crearon interesantes esculturas en representación, principalmente de divinidades y figuras femeninas. Destacados también fueron sus mosaicos y su arte de la creación de joyas entre las que se encuentran collares, pendientes, pectorales y otros objetos de metales preciosos. Participaron en el desarrollo del arte de las máscaras, y, también, crearon recipientes que cumplieron, a la vez, las funciones estética y utilitaria.

    Origen

    Los fenicios, llamados sidonios en el Antiguo Testamento y fenicios por el poeta griego Homero (debido al color púrpura, producción habitual de Fenicia, que en griego es phoinikes), eran un pueblo de lengua semítica, relacionados con los cananeos de la antigua Palestina. La investigación histórica indica que fundaron sus primeros asentamientos en la costa mediterránea hacia el 2500 a.C. Al comienzo de su historia, se desarrollaron bajo la influencia de las culturas sumeria y acadia de la cercana Babilonia. Hacia el 1800 a.C. Egipto, que comenzaba entonces a formar un imperio en Oriente Próximo, invadió y controló Fenicia, conservándola hasta cerca del 1400 a.C. Las incursiones de los hititas contra Egipto ofrecieron a las ciudades fenicias la oportunidad de revelarse, y hacia el 1100 a.C. se independizaron de Egipto.

    Costa Este del Mar Mediterráneo, Principales Ciudades Fenicias

    Si queremos acercarnos al conocimiento de los fenicios, debemos entender desde el principio que nunca ellos se reconocieron bajo ese nombre, ni tuvieron conciencia de nacionalidad o pretendieron un reconocimiento público de otros pueblos. Nunca existió un país llamado "Fenicia", solo hubo un grupo de ciudades independientes, más interesadas en el comercio que en erigir un imperio. Las cinco ciudades más importantes de la Fenicia Oriental eran: Arados, Biblos, Birutos (la actual Beirut), Tiro y Sidón.

    Los griegos fueron los grandes cronistas de la historia fenicia. Su nombre se lo dieron ellos. El término griego "phoenix" se encuentra por primera vez en Homero y significa púrpura. "Los de la púrpura", los llamaban, por ser los inventores de este tinte que extraían del molusco murex, abundante en las costas fenicias.

    "Fenicia fue ilustre -escribe Pomponio Mela- por los fenicios, raza de hombres hábiles y bien dotados para los oficios de la guerra y de la paz; ellos inventaron las letras y otras obras de la literatura y de las artes, como recorrer los mares con naves, combatir sus escuadras y gobernar a los pueblos, así como el despotismo y la guerra". Aunque hay otros autores que no describen con tanta benevolencia al pueblo fenicio, como es el caso de Plutarco, quien refería a los fenicios en estos términos: "…Hay un pueblo descortés y lleno de rencor, sumiso a los dominadores, tiránico con los que domina, abyecto en su miedo, feroz cuando es provocado, firme en sus propósitos y tan estricto como contrario a todo humor y gentileza…"

    Por lo que se ha podido saber, fue alrededor del año 5.000 o 4.000 antes de nuestra era cuando un grupo de hombres de origen cananeo, raza semita y lengua semítica, procedente del golfo pérsico o Arabia se establecieron en las costas septentrionales sirio-libanesas. Su territorio era una débil franja costera aislada del continente por una cadena de montañas, los montes del Líbano cubiertos entonces por espesos bosques de cedro. Ventajas comparativas que usaron los fenicios para construir sus excelentes naves e incluso para suministrar madera de alta calidad y precio al Egipto faraónico. Al observar un mapa de esta región (figura 1), se puede comprobar que la posición geográfica de su país, los caracteres naturales del territorio y la propia habilidad de sus habitantes fueron un determinante para impulsar a los fenicios a buscar rutas marítimas para su expansión y desarrollar las mayores empresas navales

    Los fenicios han ocupado durante mucho tiempo un singular espacio en la historia. A través de las numerosas referencias que otros hicieron de ellos – en la Biblia, en la literatura antigua y en las obras de los historiadores clásicos ; alcanzaron reputación como los más destacados navegantes, mercaderes, artesanos ambulantes, exploradores y constructores navales de su época. Como pueblo asumieron un papel de intermediarios entres países distantes, entre la antigua cultura oriental y la occidental. De ellos no han quedado huellas y uno de los factores que influyó en la desaparición de los rastros de su cultura, fue la humedad del clima litoral, ya que las inscripciones en los papiros desaparecen rápidamente, la madera se pudre, las tabletas de arcillas, a menos que estén enterradas bajo tierra, se desintegran. Incluso las inscripciones en piedra, al estar expuestas al viento, la lluvia o las heladas se vuelven indescifrables. Por tanto, mientras los fenicios estuvieron sin duda unos mil años afanados en hacer cosas, guardando lo que hacían y anotándolo, la naturaleza, a su vez se afanaba en destruirlas.

    Los fenicios, como pueblo, no pueden ser diferenciados de los cananeos (de los cuales son descendientes directos), por lo menos hasta el año 1200 a.C. Como pueblo empiezan a diferenciarse a partir del segundo milenio antes de Cristo, sin embargo, es a partir del primer milenio antes de Cristo cuando viven su periodo de esplendor, el cual se da entre la decadencia de Egipto y hasta el apogeo del imperio asirio, entre 1.100 y 700 a.C. Alcanzaron su cenit cuando comenzaron a expandir su influencia por medio del comercio y sus gentes por medio de la colonización, a lo largo del Mediterráneo y más allá. Siguen sus éxitos en oriente hasta el 332 a.C., en que Alejandro Magno tomó Tiro y en el occidente hasta el 146 a.C., en que Roma saqueo Cartago. A partir de estos hitos la Fenicia Oriental se incorporó al mundo griego helenístico y la Fenicia Occidental al imperio romano.

    Los fenicios fueron expertos marineros, ya que basaron su cultura hegemónica en el comercio marítimo, que les llevó establecer rutas marítimas comerciales por todo el Mediterráneo e incluso a lugares tan distantes como la costa oeste de África (se especula con que llegaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza) las Islas Británicas (algo que no se puede probar arqueológicamente, pero se puede suponer) o Norteamérica y Brasil (en ambos casos, no parece tan claro).La cultura fenicia floreció entorno al período comprendido entre los años 1.200 a.C. y 900 a.C. y se aglutinó, sobretodo, alrededor de varias ciudades principales: Biblos, Sidón y Tiro. En su lengua original, se autodenominaban kena´ani, siendo el fenicio un lenguaje cananita, perteneciente a la familia de las lenguas semíticas.Fenicia se comprende en la supremacía que sucesivamente ejercieron sus ciudades más importantes Gebal o Biblos, Sidón y Tiro. Cada una de estas ciudades constituía un minúsculo estado independiente, con sus leyes, su constitución, su gobierno propio, sus reyes hereditarios; cuyo poder estaba templado por las familias aristocráticas y por la clase sacerdotal.

    Biblos

    Vestigios del Antiguo Templo de Biblos. Enciclopedia Encarta

    Su hegemonía dura hasta el siglo XVIII a.C., los datos que se poseen acerca de éste periodo son muy escasos. Solo se sabe que los egipcios establecieron una factoría o casa de comercio en Biblos y compraban a sus príncipes las maderas del Líbano. Las excavaciones, han puesto al descubierto la importancia de esta ciudad con Egipto, por las relaciones que mantuvo con los faraones.

    Sidón

    Su hegemonía duró cinco siglos, del XVIII al XIII a.C. Sidón (la Pesquería), estaba situada en la pendiente de un promontorio cerca de una llanura bien regada y cubierta. Poseía una flota numerosa con la que desarrolló un intenso comercio en la época en que los egipcios dominaban el Asia Anterior. De esta forma, los fenicios bajo la protección de los Faraones egipcios, intensificaron su comercio con los pueblos ribereños del Mediterráneo y principalmente con el valle del río Nilo.

    Durante la hegemonía de Sidón, los fenicios empezaron la colonización del Mediterráneo oriental y fundaron factorías en Chipre, Creta y Rodas. Al igual que explotaron el oro de las minas de Tasos y de la Colquida. Finalmente, Sidón fue saqueada y destruida primero por los Filisteos en 1209 y, después por los asirios.

    Tiro

    Después de Sidón, la hegemonía paso a Tiro, ejerciéndola durante cinco siglos, del XIII al VIII a.C. Tiro estaba situada al sur de Sidón y constaba de dos ciudades: una en el continente y la otra en un islote rocoso, separada de tierra firme por un brazo de mar de un kilómetro de anchura. Y su puerto estaba situado entre ambas ciudades.

    Al caer Sidón bajo los Filisteos (1209), muchos nobles de ésta ciudad se refugiaron en Tiro. De esta forma, las ciudades fenicias formaron una confederación y aceptaron la soberanía de Tiro, dando inicio, a lo que se llamó la fundación de una "nación fenicia", bajo un régimen monárquico.

    Durante este período, los fenicios ubicaron por todo el Mediterráneo occidental, establecimientos de varias clases, tales como las factorías, o casa de comercio, a las que los habitantes del país acudían a cambiar los productos de su región por los objetos fabricados que les llevaban los fenicios. De igual manera, establecieron verdaderas colonias, en islas como Chipre, Creta, Cartago, etc. Pero sin duda alguna, la península ibérica, fue su mayor centro de colonización en el mediterráneo occidental, ya que fundaron Málaca (Málaga), Abdera (Adra), Ebussus (Ibiza) y aunque no tenga mucha importancia. Cadir (Cádiz). En sus viajes marítimos, llegaron por el norte hasta las islas Casitérides o islas de estaño (hoy Seilly o Sorlingas). Y por el sur hasta Cabo Verde, en Africa.

    Los principales reyes de Tiro fueron:

    Adibaal (990 980)

    Fue el primer monarca fenicio, contemporáneo a David.

    Hiram I (980 946)

    Hijo de Adibaal y suegro de Salomón. Incrementó la marina y sostuvo relaciones comerciales con la Península Ibérica y el Oriente.

    ItoBaal (887 ...)

    Sacerdote de Astarté. Se alió con los hebreos y casó a su hija Jezabel con Acab, rey de Israel.

    Pigmalión

    Subió al trono a la edad de once años, bajo la regencia del gran sacerdote Melkart que estaba casado con Elisa o Dido, hermana del rey. Asesinado el regente en una sublebación popular, Elisa urdió una conjuración contra los asesinos de su esposo. Descubierta la conjuración, huyó a Africa con sus partidarios y compró en la costa al rey libio Jarbas un trozo de terreno donde fundó Cartago (880). Ciudad que muy poco después heredaría la supremacía del mundo fenicio.

    La decadencia de Tiro, tuvo como causas las luchas entre la aristocracia y el partido popular, y los ataques de los soberanos asirios y babilonios. La caída de Tiro, puede ser vista en cuatro etapas:

    • Conquistada por los asirios en el siglo IX.

    • Destruida por Nabucodonosor II, después de trece años de sitio en el 574.

    • Fue una satrapía o provincia del imperio Persa en el reinado de Ciro el Grande.

    • Finalmente, Alejandro Magno tomó y destruyó Tiro en el 332.

    • Tras esta derrota, los fenicios perdieron gradualmente su identidad diferenciadora hasta que fueron absorbidos por el reino de los Seléucidas. Las ciudades fueron poco a poco helenizadas y, en el 64 d.C., incluso desapareció el nombre de Fenicia, cuando el territorio se convirtió en parte de la provincia romana de Siria.

    • Destruida Tiro, Cartago le sucedió en la supremacía del mundo fenicio.

    El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por "sirios". Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como "El pueblo púrpura".

    Según Heródoto: "De acuerdo a los Persas, los mejor versados en Historia, los primeros fenicios tuvieron discrepancias entre sí y una parte de ellos se desplazó a las cuencas del Mar de Eritrea, habiendo migrado al Mediterráneo desde un lugar desconocido y asentándose en lugares inhabitados, aventurándose posteriormente, a realizar largos viajes más allá de Egipto y Asiria…"Sin embargo, esta breve descripción de Heródoto sobre el origen de los fenicios, actualmente se considera poco más que una leyenda, puesto que sabemos a día de hoy que realmente los fenicios eran, seguramente, cananitas. Según las Tablillas de Amarna, del siglo 14 a.C. se autodenominaban Kenaani o Kinaani, o sea, cananitas. Sin embargo, muchos arqueólogos piensan que los fenicios son sencillamente indistinguibles de los descendientes de los primigenios cananitas, que durante siglos desarrollaron una particular cultura y habilidad. Otros creen, al igual que Heródoto, que la cultura fenicia debió basarse en un origen externo. Tenemos pues, toda clase de exposiciones: que los fenicios eran comerciantes que procedían del País de Punt (el Ta Netjer egipcio o Tierra de los Dioses) basándose en antiguos papiros de las primeras dinastías, siendo la ubicación de Punt uno de los grandes misterios de la arqueología actual, puesto que se ha situado desde algún punto al sur de Nubia (actualmente Sudán), como en las tierras altas de Etiopía, al sur de Eritrea e incluso en el actual Líbano; que los fenicios tienen algún tipo de relación con los minoicos, con los Pueblos del Mar, con los filisteos e incluso que se trata de una de las Doce Tribus perdidas de Israel, concretamente la de Dan.

    Cuadro cronológico

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    Organización política y social de los fenicios

    Los Fenicios nunca formó, a pesar de su comunidad de civilización, una entidad política unitaria y nacional. El poblamiento se disponía en ciudades que dominaban un hinterland de tierras agrícolas, formando pequeños reinos autónomos. Coyunturalmente, alguna de estas ciudades podía adquirir una cierta hegemonía sobre otras, pero ello no significaba la desaparición de las Dinastías locales

    Cada ciudad poseía su propio sistema de gobierno, siguiendo el esquema de las monarquías semíticas: una realeza de sucesión hereditaria y carácter sacro, en la que la reina desempeñaba un papel muy activo. Los reyes eran asesorados en sus tareas de gobierno por un consejo de ancianos que el debía compartir sus decisiones. Este concejo estaba compuesto por 100 miembros ricos mercaderes pertenecientes a las familias más poderosas y por un nutrido cuerpo de funcionarios civiles y militares (escribas, correos, comisarios...) su función era asesorar al monarca en cuestiones de política y económica. El rey era ante todo el gran sacerdote del culto local. Junto al monarca, parece que cada ciudad poseía un gobernador y un comandante militar. El consejo de ancianos evolucionó desde su dominación por la aristocracia terrateniente y administrativa hacia una mayor presencia de elementos de las clases mercantiles, que acabaron controlando en gobierno de las ciudades en época de la expansión colonial fenicia. El tipo de gobierno de la oligarquía comercial se componía de un consejo colegiado de magistrados civiles o sufetes. Esta forma de administración fue la característica de las colonias fenicias de ultramar, cuya fundación estuvo además vinculada al dinamismo de las clases mercantiles urbanas.

    Las ciudades-estado fenicias se organizaban alrededor de los palacios y templos locales, emplazados en una acrópolis amurallada que dominaba el recinto urbano, a su vez protegido por una muralla exterior. La organización económica durante la Edad del Bronce continuó ajustada al sistema palaciego, por el cual el excedente de la producción agrícola y artesanal se centralizaba en el palacio. Los funcionarios regios redistribuían posteriormente la producción según las necesidades del Estado. Los artesanos se encontraban agrupados por oficios en corporaciones, que dependían también del palacio o de un templo que les proporcionaba las materias primas. A cambio, los artesanos hacían entrega del producto manufacturado y recibían en pago tierras y materias primas.

    La organización social seguía un esquema piramidal muy jerarquizado. Alrededor de la monarquía existía una aristocracia administrativa y militar que recibía tierras en pago a sus servicios y que estuvo poco vinculada al desarrollo comercial. Más abajo se encontraba la clase media de campesinos propietarios, artesanos y comerciantes. La base de la pirámide social la constituía la población campesina no propietaria, que trabajaba para los palacios y templos. La población libre debía una serie de prestaciones al palacio, la mayoría de ellas de carácter militar y tributario. Había además un amplio segmento de población servil y esclava.

    En las ciudades fenicias, el desarrollo de un derecho comercial de carácter individualista favoreció la difuminación de las estructuras familiares amplias de origen tribal, características de los pueblos semíticos, y dio a las mujeres fenicias una amplia participación en las actividades económicas y sociales.

    Las mercaderías más importantes que comerciaban eran:

    De España plata, hierro, plomo y estaño.

    De Sicilia cereales y ana. De África marfil, oro y papiros.

    De Arabia perfumes, telas e incienso.

    De Fenicia maderas, tintes, misma tejidos y cerámicas.

    Para sus transacciones utilizaban el trueque. Esto se debió sobre todo a que los pueblos con los que comerciaban no conocían la moneda. Según referencias del historiador griego Heródoto, los fenicios solían practicar el trueque mudo. ¿En qué consistía? Era una manera original de negociar sin tener contacto directo con los compradores. Los fenicios se acercaban a una costa, dejaban sus productos en la playa y regresaban a sus naves. Los habitantes del lugar se aproximaban para observar las mercaderías, ponían junto a ellas el valor que consideraban justo, ya sea en mercancías o en metales preciosos, y se retiraban. Los fenicios entonces se dirigían nuevamente a la playa, y si el precio les parecía adecuado, lo tomaban y dejaban la mercadería. Si el precio no los convencía, volvían a sus barcos a esperar otra oferta. Las relaciones comerciales de los fenicios fueron de tal magnitud que podría afirmarse que todo el mundo antiguo comerció con ellos. Desarrollaron además una importante industria artesanal. Pero, ¿qué entendemos por industria? La entendemos como toda labor productiva que transforma las materias convirtiéndolas en bienes determinados, aptos para su uso o consumo. La forma final de estos bienes y sus propiedades son diferentes de la original. Hablamos de industria cuando el fruto del olivo es transformado en aceite, la lana en hilo y tejido, cuando se trabajan los metales y la cerámica, cuando se construyen barcos. En la actualidad existen numerosas ramas industriales de variada índole, desde las más simples hasta las más complejas. En el panorama industrial, los fenicios realizaban diversas labores.

    El armado de los barcos Elementos fundamentales para su gran poderío marítimo, los construían de dos tipos: "redondos" para el comercio, naves pequeñas con dos bancos de remeros; y largos", para la guerra. Los barcos "largos" tenían, en la proa, un espolón puntiagudo que servía para embestir, y tres filas de remeros, por lo que se llamaban barcos trirremes".

    Otros aspectos importantes de la cultura fenicia

    Características físicas de los asentamientos fenicias:

    Entre tierra y mar los asentamientos fenicios poseían características comunes; eran pequeños, estaban situados en lugares parecidos y tenían una topografía similar. La comparación entre yacimientos demuestra que los fenicios eran muy selectivos a la hora de elegir un lugar donde asentarse. Así, buscaron por todo el Mediterráneo lugares que se parecieran a los que habían dejado en sus tierras de origen, es decir, islas cercanas a la costa como Tiro y Arados o promontorios rocosos unidos al continente como Biblos y Sidón. De este modo, veremos como procuraban establecerse lo más cerca de la costa, pero huyendo a la vez de ella, ya que se observa claramente que preferían lugares ligeramente separados de ella como islas o islotes (Cádiz, Motya, Rachgoun, etc.) o promontorios rocosos unidos a la costa como Málaga y Almuñecar. También eran aprovechadas penínsulas que servían de refugio por su fácil defensa y que también eran útiles estratégicamente por su posición avanzada en el mar (caso de Tharros o Nora en Cerdeña). También se buscaban las desembocaduras de los ríos que facilitaban tanto el desembarco de los navíos como las relaciones con el interior, además de garantizar el abastecimiento de agua dulce. En este tipo de asentamientos (los situados en las desembocaduras de los ríos), el hábitat y la necrópolis se hallaban en orillas distintas. A este esquema responde la mayoría de los asentamientos fenicios de la costa andaluza (Morro de la mezquitilla, Toscanos, etc.), Útica, Bithia o Lixus. Así pues, como dicen Grass et alii: "...pequeñas aglomeraciones incrustradas en unos islotes costeros (Motya, Rachgoun, Mogador, Cádiz) o en la caleta de una isla grande (Sulcis) o en el extremo de una península (Tharros, Nora); otras comunidades eligieron sus emplazamientos en la desembocaduraza de un río (Bithia, Toscanos, Morro de la Mezquitilla) o en el fondo de un golfo (Útica, Cartago, Cagliari, Palermo, Ibiza). Los fenicios se instalaron siempre entre tierra y mar".

    -El urbanismo en las colonias fenicias

    -La estructura interior de los asentamientos fenicios no puede ser establecida de un modo completo ya que, o bien las excavaciones están sin acabar, o bien los únicos datos que poseemos provienen de sondeos poco extensos que no son de ninguna manera suficientes para llegar a un buen conocimiento de la estructura urbanística de las colonias. Además, ningún asentamiento (con escasas excepciones) se hallan tan bien conservado como para permitir la excavación de la planta urbanística de forma global, por el contrario, muchos de ellos están completos o parcialmente destruidas. De este modo los yacimientos que nos permiten abordar los problemas de organización del espacio son pocos: Toscanos. Morro de Mezquitilla y Chorreras en la Península Ibérica, Motya en Sicilia y Monte Sirai en Cerdeña.Actualmente, sabemos poco de las dimensiones reales de los asentamientos fenicios, lo que hace que los cálculos demográficos tengan poca fiabilidad. Aun así, se puede apuntar que la población de las áreas fenicias fue creciendo des siglo VIII a VII a.C. La función más importante de estos establecimientos era el comercio, algo que queda probado por la existencia de un puerto en todos los asentamientos. Además, los testimonios de tráficos, esencialmente ánforas son siempre más importantes que los de las actividades relacionadas con la industria o la artesanía. Los asentamientos fenicios no parece que albergaran instalaciones donde se trabajara el mineral en bruto. Las producciones sí existen, están dedicadas al trabajo artesano del marfil, metales, tejidos, etc. cuyo producto se dirigirían al consumo más bien local o regional. Así, las necrópolis están muy lejos de las zonas de hábitat en la isla de enfrente o en la orilla opuesta de un río, etc. Al tofet se le arrincona aún más que a la necrópolis, localizándose muy a las afueras de la ciudad.

    El hecho de que los fenicios escogieran para sus asentamientos un islote o una península, podrán llevar a pensar que deberían haber construido grandes fortificaciones para proteger a los comerciantes y a sus mercancías. Sin embargo, en la Península Ibérica, sólo en Toscanos se han podido detectar restos de una muralla, se trata de una profunda fosa de sección triangular que rodeaba el núcleo más antiguo del establecimiento, sin que pueda asegurarse que estuviera reforzada por una empalizada o incluso una muralla. Sin embargo, esto no implica que tras la instalación no se llevaran a cabo ciertas fortificaciones, como si está documentado para el caro griego.Por lo que respecta a los puertos, no se sabe demasiado. Esto puede deberse a que las islas y penínsulas donde se asentaban los fenicios son, sin necesidad de obra alguna, lugares muy adecuados para desembarcarEn algunos yacimientos importantes como Toscanos, Morro de la Mezquitilla y Chorreras, se han identificado calles y casas. La información sobre los almacenes es numerosa y los mejores conservados son las de Motya y Toscanos, en ambos casos están formado por grandes salas alargadas con una capacidad muy superior a las que requería la vida de una unidad familiar, por lo que allí sería donde se almacenarían ánforas y recipientes cuyos restos, además, se encuentran en esos lugares en abundancia. Las casas descubiertas ofrecen formas y tamaños distintos, esto puede relacionarse con la existencia de una diferenciación social. Así, la casa de un rico comerciante fenicio bien situado, por ejemplo, pudo estar compuesta por varias habitaciones agrupadas alrededor de un recinto o patio interior (casa A de Toscanos), mientras que una casa más modesta contaría solamente de una habitación con un hogar (casa F de Toscanos).

    Algunos investigadores apuntan que las casas fenicias de Occidente serían semejantes a las de la metrópoli que podemos observar en los relieves asirios, por lo que tendrían varios pisos, algo que se ha comprobado en diversos yacimientos Por lo que respecta a la organización urbanística, esta no era armónica, las casas se iban apiñando unas con otras según crecía la ciudad, lo que responde a un concepto urbanístico oriental. La disposición de las calles era de tipo laberíntico, algunas estaban pavimentadas con losas de piedra y otras eran de tierra apisonadaEn resumen, la organización urbanística de los asentamientos fenicios es difícil de identificar debido a las deficiencias de los restos con los que se cuentan. Aún así, podemos afirmar que las ciudades fenicias contrastaban en gran medida con las griegas de sur de Italia o Sicilia. En ellos las casas poseían un zócalo de piedra y paredes de adobe, no sabemos si estaban fortificadas, llevaban lejos a sus muertos por causas religiosas o de simple salubridad, y no han sido identificadas estructuras portuarias. La imagen que nos queda de los fenicios es pues, de máxima austeridad -aunque esta visión este coartada por la conservación diferencial-.

    Relaciones con los indígenas

    Parece ser que las relaciones entre colonizadores e indígenas fueron fluidas y dominadas por el entendimiento, prueba de ello sería el hecho de que se documenten pocos asentamientos fortificados así como el que exista solamente una noticia que hace referencia al pago de tributo por parte de los fenicios a los indígenas, se trata del pago que los fenicios hicieron a los libios para poder asentarse en el territorio de Cartago (Justino XVIII, 5,14). Además, tenemos pruebas de la coexistencia pacífica entre fenicios e indígenas como son la noticia de Diodoro de Sicilia (V, 16,2-3) acerca de la mezcla de poblaciones en Ibiza o la abundante presencia de cerámica indígena entre el material de las tumbas y el tofet en Motya.

    La distancia que separaba una comunidad indígena de un asentamiento fenicio nunca era muy grande, así, o bien se situaba a pocos kilómetros de distancia, o bien en las márgenes de los asentamientos fenicios33. Esto es debido a que, los intereses económicos de ambas comunidades pasaban por la colaboración. De este modo, el elemento indígena, sin duda, fue importantísimo en la estrategia económica fenicia y en la consolidación del poblamiento semita en Occidente, ya que el éxito y la duración de la colonización fenicia en Occidente sólo se entienden sobre la base de la existencia de unas circunstancias económicas favorables, en función de la disposición y de la estructura política de las comunidades indígenas implicadas. Así pues, la empresa colonial y comercial fenicia sólo se podría haber consolidado si se daban las condiciones precisas: la existencia de unas sociedades indígenas capaces de garantizar el flujo de bienes excedentarios y de procurar mano de obra nativa en los puertos, minas y campos de cultivo. Y todo esto en condiciones de estabilidad, paz y buen entendimiento que garantizasen la continuidad en los intercambios.Además, el comercio colonial sólo se establece en los territorios que disponen de un hinterland consumidor, donde comunidades indígenas con experiencia en el intercambio regional, que cuentan con una autoridad política capaz de actuar como centro de distribución de recursos en el marco de redes jerarquizadas de intercambio y de controlar el acceso a los recursos de la región o de los territorios periféricas dependientes. Circunstancias estas, que están presentes en gran parte de Andalucía durante los siglos VIII-VII a. C., zona en la que los establecimientos fenicios son muy numerosos (34).En resumen, no cabe la menor duda de que los establecimientos fenicios, no estaban aisladas y de que las sociedades indígenas que les rodeaban fueron modificadas por su presencia en mayor o menor grado. Pero no sólo la presencia de los fenicios fue importante para los indígenas, sino que los fenicios también buscaron la presencia de sociedades indígenas que les permitieran consolidar su presencia en la zona por medio del establecimiento de lazos económicos que repercutirían en el desarrollo de ambas comunidades. Así pues, el estudio de las sociedades indígenas precoloniales es de gran importancia a la hora de estudiar la dinámica colonial y comercial del mundo fenicio.

    La relación entre metrópoli y colonia

    La relación entre metrópoli y colonia era estrecha y venía representada en primera instancia por el hecho de que cuando se fundaba una colonia siempre se construía templo en honor de Melqart. Este dios simbolizaba y garantizaba la presencia del rey de Tiro en la colonia, ya que este era la reencarnación humana de Melqart. De este modo, en todas las fundaciones tirias importantes se construyó un templo a Melqart que nos informa de la preocupación de los colonos llegadas a Occidente de legitimizar su fundación. Así, la presencia del dios convertía automáticamente el establecimiento en una prolongación de la patria de origen, el reino de Tiro en la mayoría de las ocasiones, a la vez que aseguraba las relaciones pacíficas en el comercio con los indígenas, ya que se ofrecía protección sagrada a las transacciones. Pero la relación entre la metrópoli y las colonias no era sólo simbólico-religiosa, sino que la construcción del templo también establecía unos vínculos económicos y políticos. Así, los cartagineses enviaban cada año desde la fundación hasta época helenística un tributo al Melqart de Tiro que consistía en una décima parte del tesoro público. Este tributo no debió de ser ni mucho menos exclusivo de Cartago y nos informa de la función de los templos de Melqart: vincular religiosa, económicamente y políticamente las colonias con la metrópoli y asegurar, de este modo, la dependencia de Cádiz, Cartago, etc. con relación a la metrópoli La Edad del Bronce Antiguo

    Fue probablemente la explotación de los recursos forestales de la región cananea lo que propició el desarrolló de una floreciente civilización urbana entre los fenicios. Biblos, la más antigua de las ciudades cananeas, estaba situada al pie de los bosques y se convirtió en el principal puerto del Mediterráneo. Entre 2900 y 2300 a.C. se sitúa la aparición de otra de las grandes ciudades cananeas, Tiro, que con el tiempo habría de sustituir a Biblos en la hegemonía comercial y cultural sobre Fenicia. La madera del Líbano, y en especial la de los cedros, era codiciada por los países vecinos que carecían de recursos forestales, como Egipto y Mesopotamia. En Biblos se realizaba el intercambio de madera y de otros productos cananeos, como las telas de lino y los preciosos objetos de oro y plata de fabricación fenicia, por productos manufacturados y agrícolas procedentes de otras regiones. Biblos fue además un importante centro político y religioso que al parecer impuso su hegemonía durante esta época a otras ciudades fenicias, como Tiro o Sidón. La riqueza natural y la posición estratégica de Canaán en el Mediterráneo alimentó desde el principio de su historia las ambiciones de los imperios circundantes. Ya en época de los acadios, éstos realizaron numerosas incursiones en territorio fenicio con el fin de obtener el control sobre los recursos de los que carecía Mesopotamia. Parece, sin embargo, que los acadios se limitaron a imponer el reconocimiento nominal de su dominio y el pago de un tributo a las ciudades fenicias, que pudieron conservar su autonomía política.

    Los contactos entre Fenicia y Egipto se remontan al comienzo mismo de la historia egipcia. Los egipcios obtenían en Biblos la preciosa madera de los cedros y los metales y la obsidiana del Asia Menor. Este fructífero intercambio parece haberse sostenido sobre un culto religioso común, el de Tammuz-Osiris, que hermanaba a los comerciantes de ambos países. La influencia fenicia se plasmó en numerosos mitos egipcios y, a su vez, Fenicia asumió buena parte de las innovaciones artísticas que tuvieron su origen en el país del Nilo. Hacia 2300 a.C., las devastaciones que conocemos a través de los hallazgos arqueológicos demuestran la llegada de invasores a Fenicia. Probablemente se trató de un pueblo de pastores seminómadas que asolaron la región cananea y se asentaron sobre las ruinas de sus ciudades, sin reconstruirlas. Esta migración se desconoce casi por completo, pero inauguró un periodo de crisis con el que concluyó la Edad del Bronce Antiguo en esta región.

    La Edad del Bronce Medio

     A la época de destrucción siguió, con el comienzo de la Edad del Bronce Medio (1900-1600 a.C.), un periodo de estabilidad y esplendor del comercio fenicio. Esta época coincidió con la instalación de los amoritas en la región, pero ello no supuso el quebranto de la actividad comercial, aunque las ciudades se fortificaron contra los ataques de los nuevos ocupantes del territorio. Los hallazgos arqueológicos sugieren un gran florecimiento de la civilización fenicia en este periodo. Tras la crisis de fines del III milenio, Fenicia renovó sus relaciones con Egipto. Éste, que atravesaba la época de expansión de su Reino Medio, extendió su presencia en las ciudades cananeas, tanto en Biblos como en Beirut y Siquem, estableciendo un protectorado que respetaba la autonomía local de las ciudades. Biblos resurgió bajo la protección egipcia, pero al parecer la dominación egipcia fue contestada en otras ciudades. Las ciudades-estado, que en esta época aparecen a menudo dirigidas por gobernantes con nombres amoritas, protagonizaron revueltas contra el poder egipcio según indican los llamados ?textos de execración? egipcios. Sin embargo, la dominación egipcia se mantuvo hasta la época del faraón Amenehat IV, momento en que el debilitamiento del imperio egipcio hizo contraerse sus esferas de influencia. Poco después, la invasión de Egipto por los hicsos, pueblo nómada asiático, supuso el definitivo desgajamiento de Fenicia del poder egipcio, inaugurándose un periodo de independencia para las ciudades cananeas. La decadencia que sufrió Egipto bajo el dominio de los hicsos hizo que Fenicia se volviera hacia los ámbitos sirio y mesopotámico. Biblos y Ugarit mantuvieron fecundas relaciones comerciales con el reino sirio de Mari, uno de los principales centro económicos de la época. En este momento, Tiro ocupaba ya un lugar relevante entre las ciudades cananeas y junto a ella experimentaron un gran crecimiento otras ciudades, como Sidón o Arvad.

    La Edad del Bronce Tardío

    A comienzos del siglo XVI a.C., cuando se inició la Edad del Bronce Tardío (1600-1200 a.C.), Fenicia vivió el final de este periodo de independencia que tan fructífero había sido para su comercio. La expulsión de los hicsos de Egipto afectó a las ciudades cananeas, que sufrieron el paso de aquéllos. A este periodo siguió una nueva dominación egipcia. Las campañas emprendidas por los faraones Amosis y Amenofis I restablecieron el protectorado egipcio sobre los principales centros fenicios (Beirut, Tiro, Biblos, Sidón, Arvad, Sarepta y Sumur). Algunas ciudades fenicias del sur, como Jericó o Megiddo, aunque pudieron conservar sus dinastías locales, estuvieron sometidas a vigilancia por tropas egipcias acantonadas en sus cercanías. Se estableció en todo el país una red administrativa egipcia, encabezada por ?comisionados? y apoyada por guarniciones militares situadas en punto estratégicos. Esta administración tenía sus sedes principales en Gaza y las fuentes egipcias informan de que fue a menudo contestada en ciudades como Tiro o Sidón, que se revelaron contra la dominación nilótica. Durante los siglos XIV y XV a.C., Fenicia se vio además sacudida por la competencia que por el dominio de la región entablaron primero egipcios y hurritas y, posteriormente, egipcios e hititas. Estos imperios trataron de extender sus esferas de influencia a las diversas ciudades fenicias, que a duras penas consiguieron mantener un frágil equilibrio entre las ambiciones de sus vecinos más poderosos. La inestabilidad interna de las ciudades era grande. Distintas facciones alineadas con uno u otro poder exterior se disputaban el gobierno.

    En muchas ciudades se levantaron facciones que deseaban aprovechar el debilitamiento del Imperio egipcio para desembarazarse de su dominación, apoyándose en los hititas, que en esta época vivieron su periodo de esplendor. Los faraones de la XIX Dinastía tuvieron que hacer frente a la rebelión de algunas ciudades fenicias, y Ramsés II llevó a cabo una serie de campañas que culminaron 1284 a.C. con un tratado de paz con el rey hitita Hattusil II, gracias al cual concluyó la lucha entre ambos imperios en tierras cananeas y Fenicia pudo gozar de un nuevo periodo de estabilidad política. Sin embargo, el fin de la Edad del Bronce supuso un profundo cambio en la situación de las ciudades fenicias. Los grandes puertos que habían sido hasta entonces centros de la actividad económica, como Biblos o Ugarit, entraron en una época de decadencia para ser sustituidos progresivamente por otras ciudades. Desde el siglo XIII a.C., el territorio cananeo se redujo considerablemente, al ser ocupado por poblaciones recién llegadas que se instalaron en la región. A mediados de siglo, los israelitas se asentaron en Canaán provenientes de Egipto. Su arcaica organización les impidió emprender una conquista sistemática de los territorios cananeos, pero gracias a sus incursiones sorpresivas ganaron algunos territorios interiores en los alrededores de Jericó y Siquem, donde se establecieron en un poblamiento muy disperso. Pero fue la invasión de los llamados ?Pueblos del Mar? la que produjo el quebrantamiento de la fisonomía de la sociedad fenicia a fines de la Edad del Bronce. Estos pueblos, de cuya configuración y origen se sabe muy poco, habían arrasado el Imperio hitita y se dirigían de forma imparable hacia Egipto. A su paso por Canaán asolaron Ugarit, que nunca volvió a reconstruirse, y destruyeron parte de Tiro. En el sur, Gaza, Ascalón, Asdod y Ekron fueron ocupadas por uno de estos pueblos, los peleset o filisteos, que dieron su nombre a Palestina. Otros pueblos mezclados en la oleada se instalaron en la región, como los piratas tjeker, que llegaron a dominar algunos puertos. Esta fue también la época de asentamiento en Canaán de los arameos, cuya llegada no parece relacionada con el envite de los ?Pueblos del Mar?. La invasión supuso la reducción del territorio de dominio político fenicio a la franja costera central del Líbano y la desaparición de los centros económicos tradicionales de Fenicia, pero al mismo tiempo inauguró la época de esplendor de otras ciudades que hasta entonces habían ocupado un lugar secundario.

    La Primera Edad del Hierro.

    A pesar de que las invasiones produjeron el estrechamiento territorial de la civilización fenicia, tras las invasiones ésta vivió un periodo de esplendor cultural y de rápida recuperación económica. La desaparición del Imperio hitita y la decadencia de Egipto dotaron a Fenicia de autonomía política, al tiempo que la crisis final de la civilización micénica liberó a las ciudades cananeas de su principal rival en el comercio marítimo. Por otra parte, una serie de factores internos coadyuvaron a esta evolución. En primer lugar, Fenicia experimentó en esta época un notable crecimiento de su población, debido probablemente al prolongado periodo de paz y estabilidad política que siguió a las invasiones. En segundo lugar, el país sufrió las consecuencias del deterioro ecológico que la explotación sistemática de sus recursos forestales desde el III milenio a.C. había producido. La región sufrió desde muy antiguo un proceso de desforestación para la explotación ganadera y pecuaria, que quebrantó sus condiciones climáticas y edafológicas. Así, la desaparición de los recursos forestales de la región de Biblos parece que estuvo directamente relacionada con el declive de la ciudad.




    El empobrecimiento de los suelos por la erosión que conllevó la destrucción de los bosques debió influir enormemente en la producción agrícola. En el siglo X a.C. sabemos que Fenicia no producía alimentos suficientes para mantener a una población en aumento. La Biblia da noticia de las importaciones de grano desde Siria e Israel. El déficit de grano de las ciudades fenicias se debió además a la pérdida del territorio agrícola circundante en la crisis de finales del II milenio. La concentración del poblamiento en las ciudades costeras constituyó un factor de desestabilización en un territorio que ya estaba superpoblado. En tiempos de Hiram I el déficit agrícola fue paliado por el acuerdo con Israel. Pero, desde los siglos IX-VIII, la expansión asiria redujo las posibilidades de colonización agrícola de las ciudades fenicias. La fundación de Kition en Chipre fue el primer indicio de un cambio de estrategia por parte de Tiro. Se trató del control de un territorio que proporcionaba a Tiro cobre de calidad y que constituía una cabeza de puente con vistas a la fundación de colonias en el Mediterráneo occidental para garatizar el comercio de plata y productos agrícolas, pero también para albergar a la población excedente. La nueva dependencia de los países vecinos en lo que se refiere a los productos agrarios hizo que los fenicios desarrollaran nuevas estrategias económicas con el fin de sufragar las importaciones de grano. Desarrollaron una producción manufacturera (vidrios, tejidos, recipientes metálicos, marfiles, muebles...) altamente especializada y de gran refinamiento técnico. Las manufacturas sustituyeron a las riquezas naturales en el primer lugar del comercio fenicio, y la producción artesanal alcanzó tal volumen que puede hablarse de un sistema industrial. Esta producción obligó a los fenicios a buscar materias primas para su industria fuera del empobrecido medio físico que habitaban. Fue éste el origen de su expansión marítima.

    Aprovechando las rutas marítimas abiertas por la desaparecida civilización micénica, los fenicios se lanzaron al control comercial del Mediterráneo y a su exploración en busca de materias primas, entre las que se hizo especialmente deseable el hierro, cuya industria había sustituido a la del bronce. La política exterior de Tiro y del resto de las ciudades fenicias se basó desde el siglo X en su papel como intermediaria comercial entre las grandes potencias orientales, en la producción especializada de bienes de lujo y en el abastecimiento de metales preciosos a los estados asiáticos. Desde fines del siglo IX, la creciente presión tributaria del Imperio asirio sobre las ciudades fenicias y su apremiante necesidad de metales para dotar a su ejército y a su industria, repercutió en la enorme prosperidad del comercio fenicio. Durante el I milenio, el hierro fue el material estratégico más importante que los grandes estados del interior de Asia utilizaron para equipar a sus ejércitos; pero sobre todo fue importante la plata, por su valor en las transacciones comerciales, el metal más codiciado por los asirios. Asiria favoreció el papel de Tiro como intermediaria comercial con el Mediterráneo y mantuvo relaciones preferentemente con la ciudad asiria. A cambio de la libertad de comercio, Asiria obtenía materias primas y metales de Tiro. A fines del siglo IX, los comerciantes fenicios perdieron el mercado sirio-anatólico desde la alianza sirio-urartuta, que les cerró el paso a las ricas minas de Cilicia y Asia Menor. A partir de entonces sólo contaron con las reservas metalúrgicas occidentales. Por otra parte, la economía de tipo palaciego que había predominado durante la Edad del Bronce entró en su crisis final tras las invasiones de fines del II milenio. En este nuevo periodo, las iniciativas privadas de exploración y colonización, muchas veces auspiciadas por los templos, sustituyeron a la realeza en la planificación de la economía y en el diseño de sus objetivos. Desde el siglo X a.C., la ciudad de Tiro se convirtió en el más importante centro urbano de Fenicia. Fue ésta la época del rey Hiram I, bajo el que Tiro llevó a cabo grandes empresas en el Mediterráneo y en el mar Rojo. Hiram extendió la influencia de Tiro a Chipre, donde ya existía una colonia fenicia anterior, Kition. Hiram mantuvo excelentes relaciones con el rey Salomón de Israel, al que envió arquitectos fenicios que construyeron el templo de Yahvé en Jerusalén. La mítica ?flota de Tarsis? de Tiro colaboró con Israel en algunas arriesgadas empresas marítimas. Esta alianza se mantuvo incluso después de que el reino de Salomón se dividiera en los estados de Judá e Israel.

    La Segunda Edad del Hierro

    Durante este periodo (900-550 a.C.), la red de colonias fenicias se convirtió en un imperio comercial merced a su dominio sobre el tráfico del hierro. Por ello, los imperios mesopotámicos trataron en repetidas ocasiones de someter a las ciudades fenicias orientales, con el fin de asegurarse el control sobre el comercio mediterráneo. De este modo, Fenicia sufrió el final del periodo de autonomía que siguió a las invasiones de los ?Pueblos del Mar?. Primero los asirios y, posteriormente, los babilonios y los persas recurrieron a las campañas militares para imponer su protectorado o su dominación directa sobre las ciudades cananeas. En 875 a.C., el rey asirio Assurnarsipal II sometió a tributo a las principales ciudades fenicias, incluida Tiro, tributo que fue renovado en tiempos de Salmanasar III mediante sucesivas incursiones militares. Por su parte, Egipto, que vivía un periodo de recuperación bajo los faraones de la XXII dinastía, pugnaba por recuperar su influencia sobre Fenicia. Los faraones apoyaron la resistencia anti-asiria de las ciudades cananeas e impusieron su protectorado sobre algunas de ellas, como fue el caso de Biblos.

    Tras la muerte del asirio Salmanasar III, la crisis de su imperio favoreció las ambiciones de Egipto, que pudo ampliar su dominación sobre Fenicia. La competencia de estos dos imperios por el control sobre las ciudades cananeas produjo graves tensiones en el interior de las mismas. Nuevamente se decantaron distintas facciones dentro de la clase dirigente urbana. La realeza de las ciudades y los sectores aristocráticos cuya fuente de riqueza radicaba en la propiedad sobre la tierra y en el poder político, formaban la tendencia filo-asiria. Para esta facción, el pago de tributos a los asirios era preferible a la dependencia administrativa y política del Imperio egipcio. Por su parte, las clases urbanas de artesanos y comerciantes propugnaban la alianza con Egipto como medio de desembarazarse de los onerosos tributos debidos a los asirios, que recaían principalmente sobre el producto del comercio.

    Estas tensiones produjeron luchas internas en el seno de algunas monarquías, y en el caso de Tiro dieron lugar a la escisión de la dinastía. La hermana del rey de Tiro, Elisa, se alineó con la facción filo-egipcia de la ciudad y, tras luchar por el gobierno de la ciudad, se exilió junto con sus partidarios. Del periplo de Elisa surgió en 814 a.C. la fundación de Cartago, que habría de convertirse en la principal metrópolis colonial fenicia. Con la subida al trono asirio de Tiglat-Pilaser III se inició un nuevo periodo de sometimiento de las ciudades cananeas. Los asirios abandonaron su antigua estrategia de imposición de tributos para pasar a una política de conquista y ocupación del territorio. En 743 a.C., Asiria se anexionó el norte de Fenicia y sus ciudades perdieron gran parte de su autonomía política. Durante el reinado del asirio Senaquerib, una coalición de ciudades protagonizó una importante revuelta, a la que siguió una represión por la que Tiro fue sometida a sitio durante 5 años. Posteriormente, una rebelión apoyada por Egipto durante el reinado del asirio Asarhadón concluyó con la destrucción de Sidón en 667 a.C. y con la anexión de los territorios aledaños a Tiro, ciudad ésta que quedó reducida a su territorio insular. Buena parte de Fenicia fue sometida a la administración directa del Imperio asirio y repartida en provincias. Desde entonces, sólo Biblos, Arvad y el islote de Tiro conservaron una cierta autonomía, aunque sometidas al pago de tributos y a la presencia de gobernadores asirios. La destrucción del Imperio asirio por la coalición de las fuerzas babilonias y medas en 612 a.C. supuso el fin de la dominación asiria sobre Fenicia. Sin embargo, las consecuencias del periodo de la violenta conquista asiria eran ya irreversibles: gran parte de la población fenicia había huido de sus devastaciones, configurando un movimiento migratorio que benefició a las plazas fenicias de ultramar. Este proceso de poblamiento convirtió a las antiguas factorías comerciales de las costas mediterráneas en auténticas ciudades. En las ciudades fenicias orientales, la desaparición del Imperio asirio fue seguida por el apogeo del Imperio babilónico y por una nueva dominación. Bajo Nabucodonosor II, los ejércitos babilónicos sometieron Tiro tras un sitio de 13 años. La ciudad acabó claudicando y ello supuso el fin de su monarquía, que fue sustituida por un gobierno de magistrados civiles (sufetes) más favorable a los intereses de las clases comerciantes. Finalmente, la unificación de todo el Oriente Próximo por el Imperio persa afectó también a las ciudades cananeas, que pasaron a formar parte de una de las satrapías o unidades administrativas del imperio. La dominación persa parece que fue mucho menos onerosa para los fenicios orientales que las anteriores, puesto que no se han conservado noticias de rebeliones y las ciudades gozaron de una amplia autonomía local.

    Última Edad del Hierro y periodos helenístico y romano

    Durante el periodo de la dominación persa en la Última Edad del Hierro (550-330 a.C.), las ciudades de Fenicia oriental conservaron una relativa autonomía. La reforma administrativa llevada a cabo por el emperador Darío incluyó a Fenicia en la quinta satrapía, junto con Chipre, Siria y Palestina, pero no cambió sustancialmente la situación de las ciudades cananeas. Éstas conservaron su sistema de autogobierno y sus dinastías locales, y actuaron como aliadas contra los enemigos exteriores de Persia, como en el caso de las guerras que enfrentaron a persas y griegos. Con la decadencia del Imperio persa, se inició una nueva época de virtual independencia para las ciudades fenicias, que se volvieron hacia el floreciente ámbito griego, con el que las unían fuertes lazos comerciales. En 332 a.C., la mayoría de las ciudades abrieron sus puertas sin resistencia a los ejércitos de Alejandro Magno. Durante el periodo helenístico, las ciudades mantuvieron su autonomía a pesar de que el territorio cananeo fue nuevamente el objetivo de la competencia de Seleúcidas y Ptolomeos. Fue esta una época de empobrecimiento comercial para las ciudades cananeas, que tuvieron que competir con la pujanza económica de Alejandría. Tras la conquista romana en 64 a.C., Fenicia fue integrada en el esquema de la administración latina sin perturbaciones aparentes, puesto que el sistema de gobierno colegiado de los sufetes, que en la mayoría de las ciudades había sustituido al poder monárquico sacramental, se adaptaba muy bien a la administración romana. El comercio de las ciudades orientales se benefició enormemente de la llamada pax romana y floreció nuevamente tras un largo periodo de declive. La romanización de Fenicia fue muy profunda. Sin embargo, el sustrato de la lengua y la cultura cananeas se mantuvo vivo durante todo el periodo de dominación romana e incluso posteriormente. En tiempos de san Agustín, ya en plena decadencia del Imperio romano, sabemos que la lengua fenicia se hablaba aún en Cartago y que la herencia cultural y civilizadora cananea se había mantenido en rescoldo en todo el área colonial fenicia. La tradición de sincretismo y cosmopolitismo de esta civilización posiblemente ayudó a que su legado sobreviviera a la azarosa historia del pueblo fenicio.

    Los marinos fenicios y chipriotas, que servían a Darío, se pasan a las tropas de Alejandro, y, gracias a ellos, el rey de Macedonia pueda ya contar con una flota que poco después le proporciona el dominio absoluto del mar. Con este poderoso instrumento bélico, el macedonio se apodera de todas las islas del Egeo y de Egipto, donde funda la gran ciudad que lleva su nombre. Alejandro es invencible por tierra y por mar, y su juventud, su ambición y su falta de escrúpulos, le empujan a crar un gran imperio, ese gran imperio universal que él sueña por primera vez y que, más tarde, revivirá en las mentes de los hombres más extraordinarios del Occidente europeo, desde Julio César a Napoleón. Alejandor toma sucesivamente Babilonia y Susa; luego, en territorio propiamente persa, la capital Persépolis. El mundo se le figura pequeño al hijo de Filipo; después del imperio persa pretende conquistar la India, y acaso lo hubiera conseguido, si el descontento y la fatiga de las tropas no le aconsejaran volver a Grecia. Alejandro toma, entonces, el camino de la costa y encarga a su almirante Nearco que le siga con los buques por mar. La navegación realizada por Nearco es uno de los acontecimientos navales más importantes de la antigüedad.

    Su Legado:

    * En la vida política, su metodología de fundación de nuevas colonias.

    * En la vida económica, los modelos de comercio y navegación marítima. El teñido de telas y la fabricación de vidrio transparente.

    * En la ciencia, el alfabeto y la divulgación de la escritura.

    Fuente Consultada: La Humanidad de Silivia Vázquez de Fernández

    Guerras Púnicas

    las luchas entre Roma y Cartagano

    Esta serie de enfrentamientos entre Roma y Cartago, que se prolongaron alo largo de los siglos III y II. C., convirtieron a la potencia italiana en la dueña del Mediterráneo occidental.

    Monografias.com

    Introducción: Una vez que Roma completó su dominio sobre toda la península itálica, emprendió la lucha contra Cartago para disputarle su influencia en el Mediterráneo occidental. Los cartagineses comercializaban las telas, las piedras preciosas y los perfumes de Oriente; el trigo de Sicilia y del Norte de África; el estaño de Francia y el hierro y la plata de España.

    El enfrentamiento se extendió desde el año 264 al 146 a.C. y se conoce en la historia con el nombre de guerras púnicas, debido a que los romanos llamaban poeni (fenicio) a los cartagineses.

    Cartago era una colonia de Tiro, fundada por Dido hacia el año 880 a.C., quien había huido de su patria para escapar del gobierno despótico de su hermano Pigmalión. Al llegar a las costas de África pidió a los nativos que le concedieran una extensión de tierra que no fuera más grande que la que pudiera cubrir la piel de un buey, lo que fue aceptado. Entonces Dido hizo cortar el cuero en tiras largas y estrechas, con las cuales trazó el perímetro de un terreno mucho más amplio del que debiera haber recibido.

    De inmediato levantó en aquel lugar una ciudad que rivalizó con Tiro y extendió su influencia a toda la costa africana del Mediterráneo. Luego los cartagineses ocuparon varias islas del Mediterráneo, inclusive parte de Sicilia, se establecieron en las costas de España, atravesaron el estrecho de Gibraltar y navegaron hasta las islas británicas y Francia hacia el Norte y hasta las islas Canarias hacia el Sur. De esta manera Cartago se convirtió en el centro de un verdadero emporio que monopolizó el comercio de Occidente.

    En su organización política, Cartago constituía una república, como lo era Roma en esa época. El poder ejecutivo era ejercido por dos magistrados llamados sufetes, elegidos con carácter vitalicio. Su poder era vigilado por un Senado, cuyos integrantes pertenecían exclusivamente a la clase alta de la población, que estaba dividida en dos facciones, encabezadas respectivamente por dos familias, la de los Hannón y la de los Barca.

    Por otra parte en la primera mitad del siglo III a. C. Roma se había, convertido en la primera potencia de la península Itálica, extendiendo su tutela a las ciudades griegas del sur y proyectando su sombra sobre Sicilia.

    Primera guerra púnica:

    La antigua colonia fenicia de Cartago, era la mayor potencia marítima de la zona, con colonias en casi todas sus islas incluyendo el oeste de Sicilia. Pretendía dominar toda la isla para neutralizar a sus rivales comerciales y acaparar su importante producción de cereales. En estas circunstancias, una banda de mercenarios oscos, los mamertinos, se apoderó de la ciudad siciliana de Messina, que controlaba el paso hacia Italia. Amenazados por Hierón II de Siracusa, pidieron ayuda tanto a Roma como a Cartago (264 a. C.)

    Ambas potencias acudieron a la llamada, pero llegaron primero los cartagineses, que establecieron la paz con Hierón. Esto no detuvo a los romanos, que expulsaron a los púnicos de Messina e invadieron el territorio de Siracusa, forzando a Hierón a aliarse con ellos en 263. La superioridad de su ejército les permitió apoderarse incluso de la base púnica de Agrigento, un año más tarde. Pero los cartagineses controlaban el mar, lo que decidió a los romanos a construir su primera flota de guerra, que al mando de Cayo Duilio derrotó a sus enemigos en Milas, en el año 260.

    Esta ventaja les permitió expulsar a los cartagineses de Córcega y devastar Cerdeña (259), pero no apoderarse del oeste de Sicilia. Por ello, decidieron atacar directamente en Africa. Una gran flota romana venció a la cartaginesa en Ecnomo (256) y desembarcó cerca de Utica al ejército de Atilio Régulo, que se fortificó en Clypea. Las desorganizadas fuerzas cartaginesas, incapaces de resistir a los romanos en tierra, estaban dispuestas a capitular, pero las duras condiciones impuestas decidieron su resistencia. Jántipo, jefe de una partida de mercenarios espartanos, reorganizó el ejército cartaginés, que se apoyó en la caballería y los elefantes. Con estas fuerzas derrotaron a Régulo (255), que tuvo que volver a Italia a bordo de una flota que acababa de destruir a la cartaginesa en el cabo Hermes.

    Esta flota resultó arrasada por una tormenta, pero los romanos construyeron una nueva que consiguió tomar Panormo (254), aunque las sucesivas operaciones por tierra y mar no lograron conquistar Lilybaeum y Drepanum. En 249 un contraataque cartaginés rompió el cerco sobre estas ciudades y destruyó la flota romana, pero el agotamiento de sus fuerzas impidió la continuación del ataque en la isla, limitándose a defender las posesiones que mantenían en ella.

    Un nuevo avance romano supuso la severa derrota naval de los púnicos en las islas Egatas (241); Roma consolidaba el dominio del mar. Cartago tuvo que firmar una paz por la que cedía Sicilia y las Lípari, además de pagar como indemnización la cantidad de 3.200 talentos.

    Entreacto en Hispania

    Roma aprovechó la debilidad de Cartago, agravada por la sublevación de sus mercenarios (241-237), para apoderarse de Córcega y Cerdeña, a pesar del tratado de paz. En estas circunstancias, el caudillo cartaginés Amílcar Barca propuso la conquista de nuevos territorios en la península Ibérica, donde podría obtener los recursos materiales y humanos para restaurar el poder de Cartago. El senado de la ciudad le otorgó plenos poderes y, acompañado de su yerno Asdrúbal y de sus hijos Magón, Asdrúbal y Aníbal, se aplicó a la tarea de construir un imperio en Hispania (237-228). Tras su muerte, su yerno continuó su labor y fundó Cartago Nova (228) como capital de los nuevos territorios. Roma, inquieta por estos avances, impuso el Ebro cómo lImité norte de esta expansión (226).

    Aníbal, que sucedió a su cuñado en 221, extendió el poder cartaginés al interior: La conquista de Sagunto (219), ciudad que mantenía relaciones con Roma, proporcionó a ésta el pretexto para exigir la entrega de Aníbal. Cartago se negó, lo que desencadenó una nueva guerra (218).

    Segunda guerra púnica

    Aníbal sabía que la única forma de derrotar a Roma era atacando la base de su poder en Italia, aparentemente protegida por su dominio del mar. El general cartaginés dejó a su hermano Asdrúbal en la península Ibérica, mientras él conducía un ejército compuesto de mercenarios africanos e hispanos, que cruzó los Pirineos, el Ródano y los Alpes en seis meses. Aunque sus fuerzas habían quedado reducidas a la mitad (20.000 infantes y 6.000 jinetes) tras la terrible marcha, consiguió adelantarse a la, reacción romana. Venció en Trebia (218) a un primer ejército mandado por los cónsules P. Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio, tras lo cual muchos galos se unieron a las fuerzas cartaginesas.

    Aníbal entró en, Etruria y aplastó de nuevo a las tropas romanas en Trasimeno (217), dejando indefensa a Roma. Pero no se atrevió a cercar la capital con sus escasas fuerzas, y se dirigió al sur para tratar de conseguir aliados entre las ciudades recientemente sometidas por los romanos.

    Mientras éstos habían enviado a Hispania un ejército al mando de Publio y Ceneo Escipión, que desembarcó en Emporion (218) y logró cortar las comunicaciones de Aníbal con sus bases en la Península. En 215 los romanos cruzaron el Ebro, derrotaron a Asdrúbal y conquistaron Sagunto. El cartaginés tuvo que marchar a África para someter al rey númida Sífax, lo que aprovechó Publio Cornelio Escipión para avanzar hasta la Bética. Asdrúbal volvió a la Península, reforzado por los jinetes númidas de Masinisa, y logró vencer y dar muerte a los Escipiones en Cástulo e llorci (211), obligando a los romanos a replegarse al norte del Ebro. En otoño llegó a la Península Publio Cornelio Escipíón, hijo del cónsul del mismo nombre, que reorganizó las fuerzas romanas para evitar que Asdrúbal acudiera en ayuda de su hermano en Italia. Escipión consiguió tomar Cartago Nova (209) y derrotar a Asdrúbal en Bailén (208), pero éste reaccionó y marchó finalmente hacia Italia.

    Aníbal se había trasladado a Apulia tras la victoria de Trasimeno, mientras entraba en negociaciones con Filipo V de Macedonia y Hierónimo de Siracusa para presentar un frente común contra Roma. El general Fabio Cunctator le seguía de cerca sin presentar batalla, hasta que fue obligado por el senado y el cónsul Varrón. Aníbal le aplastó en Cannas (216), lo que decidió a varias ciudades del sur a apoyarle. Trató entonces de conquistar Tarento, cuyo puerto necesitaba para restablecer sus comunicaciones con el exterior, pero la debilidad de sus fuerzas, divididas para proteger a sus nuevos aliados, se lo impidió. Para cuando lo consiguió (213), Roma habla logrado recomponer sus tropas gracias a un extraordinario esfuerzo de su población, había contenido a Filipo en Iliria y mantenía sitiada a Siracusa, defendida por los ingenios mecánicos del sabio Arquímedes y apoyada por una flota cartaginesa.

    En 211 los romanos se apoderaron de Capua y Siracusa, acorralando a Aníbal en el extremo sur de la península Itálica. Asdrúbal, que por fin había llegado a Italia, fue derrotado y muerto en Metauro (207), al tiempo que Escipión vencía a los cartaaíneses en lupa y expulsaba a los púnicos de casi toda la península Ibérica.

    Gádir, el último bastión, cayó en 206; el romano llevó entonces la guerra a África (204). Consiguió la alianza de Masinisa, venció al rebelde Sífax y a los cartagineses en Útica (203) y amenazó a la propia capital. Cartago llamó en su ayuda a Aníbal, que se puso al frente de lo que quedaba del ejército cartaginés. La victoria de Escipián en Zama (202), que le valió el apelativo honorífico de «el Africano», significó la completa derrota de Cartago, que tuvo que renunciar a Hispania y a las islas que conservaba, entregar sus elefantes y su flota de guerra y pagar 10.000 talentos. Además, se comprometió a no emprender nuevas campañas militares sin el consentimiento de Roma. En el año 195 el senado romano exigió la entrega de Aníbal, convertido en sufeta (magistrado supremo) de Cartago, pero éste huyó a Oriente. Constantemente perseguido por los romanos, acabó suicidándose en Bitinia (183).

    Tercera guerra púnica: A pesar de las derrotas, Cartago logró recuperar su vitalidad comercial, despertando la envidia de los mercaderes latinos y la suspicacia de los gobernantes romanos, especialmente Catón el Censor, que hizo famosa la frase Delenda est Carthago (Cartago debe ser destruida). Cuando los cartagineses se enfrentaron a las constantes pro-vocaciones del rey númida Masinisa, apoyado por Roma, ésta les declaró nuevamente la guerra (149 a. C.). Cartago intentó negociar la paz, pero las duras condiciones impuestas por los romanos provocaron una resistencia desesperada, que se prolongó por espacio de dos años, hasta que Escipión Emiliano, nieto del Africano, tomó el mando de la expedición romana (147). El nuevo general logró estrechar el cerco sobre Cartago, que finalmente cayó en 146. El solar de la ciudad fue arrasado y maldito, con la ceremonia simbólica de cubrirlo de sal y la prohibición de volver a edificar sobre él. Los habitantes supervivientes fueron vendidos como esclavos y el territorio se convirtió en la provincia romana de África.

    Sidón

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    Sidón fue una importante ciudad de Fenicia, fundada en la misma época que Tiro, Biblos (hoy Djebail) y Beritos (hoy Beirut), en el III milenio adC.

    Aunque en 1900 era una población de unos 10.000 habitantes; en el año 2000 rondaba los 200.000 musulmanes Sunita. Cerca de la ciudad se planta trigo y verduras, y se produce bastante fruta. El antiguo puerto es utilizado por embarcaciones pequeñas. Hay una refinería en la ciudad.

    Alcalde: Abdelrahman Bizri

    Biblos fue una antigua ciudad fenicia que estaba situada en una colina, denominada Gubla en los textos cuneiformes y Gebal en la Biblia, actualmente es una ciudad del Líbano también denominada Djubayl, treinta kilómetros al norte de Beirut.

    Su etimología proviene de la colina en que estaba situada (Gablu, montaña en lengua hebrea) que derivó en su nombre original hebreo Gebal, pasando de aquí a la forma griega Byblos y de allí la palabra Biblion "libro", que también originará el término Biblia.

    Fue una activa ciudad mercantil, mercado de papiros, madera de cedro, y cobre del Cáucaso, convertida en el centro comercial del Mediterráneo oriental. Mantuvo vasallaje con los faraones del antiguo Egipto; posteriormente fue ciudad tributaria de asirios y persas.

    De la antigua Biblos se conserva una muralla de comienzos de la Edad del Bronce, el templo Baalat Gebal, una necrópolis y numerosos restos de la época romana y medieval.

    Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1984.

    Conclusión

    Fenicia es una de las más importantes y representativas civilizaciones de la antigüedad. Importante ya que su contribución al intercambio cultural del mediterráneo es decisiva; y representativa porque no sólo colaboró con la evolución humana a través del desarrollo del alfabeto y la navegación sino también hizo un importantísima aporte al conglomerar las características y los avances de las culturas que se desarrollaron en su contemporaneidad.

    Los fenicios se convirtieron en los grandes navegantes de la antigüedad, y propagaron por el Mediterráneo la civilización de los pueblos del Cercano Oriente. Los marinos fenicios atravesaron también el estrecho de Gibraltar y exploraron las costas africanas y europeas del océano Atlántico. A la par del comercio marítimo, los fenicios realizaron también un activo intercambio por tierra con los países del Asia occidental. Además de comerciantes, los fenicios fueron grandes industriales. Su principal aporte en este aspecto fue el vidrio; también construyeron barcos y evolucionaron en la navegación.

    Los fenicios también desarrollaron variadas formas artísticas, uno de los primeros alfabetos y la utilización de la moneda como medio de intercambio comercial.

    En síntesis, podemos afirmar que los fenicios hicieron variados aportes a la civilización humana. Sus contribuciones se observan desde la religión y el arte hasta el desarrollo económico, pasando por la industria, la navegación y las letras.

    El Líbano

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    Fecha de la IndependenciaDeclarada : 22 de noviembre de 1943 Reconocida :1 de enero de 1944

     

    Extensión: 10.230 Km²

    Límites: Norte y Este, Siria; Sur, Israel; Oeste, mar Mediterráneo.

    Población: 3.728.000 h.

    Densidad: 358,5 h/km2.

    Capital: Beirut

    División administrativa: 6 gobernaciones.

    Ciudades principales: Trípoli, Sidon, Tyre, An-Nabatiyah, Juniyah.

    Gentilicio: libanés.

    Forma de Estado: república unitaria.

    Idioma: árabe, francés.

    Religión: islamismo shií, 34%; islamismo sunní, 21,3%; crisdanismo maronita, 19 %; drusos, 7,1 %; cristianismo ortodoxo griego, 6%; cristianismo ortodoxo armenio, 5,2%; catolicismo griego melquita, 4,6%.

    Moneda: libra libanesa.

    Tasa de natalidad: 2 %

    Tasa de mortalidad: 0,64 %

    PIB por habitante: 5.480 dólares.

    Geografía. Estado del Oriente Medio asiático. El Líbano es un país muy urbanizado (90% de su población) y densamente poblado. Sus recursos son fundamentalmente agrícolas, con cultivos de huerta (tomate, pepino, pepinillo, cebolla), papa, olivo, trigo y frutales; posee también ganadería ovina, caprina y una creciente producción avícola. Hay yacimientos de yeso y sal, y sus industrias más importantes son cementeras y alimentarias. Tiene una larga tradición financiera para los capitales de Oriente Medio.

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    Los Cedros: Cerca de 120 km de Beirut. Sabido por los libaneses como los cedros del Señor. Algunos de los 400 árboles restantes son ya 1500 años viejos. El árbol del cedro, majestuoso e indestructible, es el emblema de Líbano y adorna su bandera. Los Fenicios, los Griegos y los Egipcios utilizaron su madera por siglos en sus hogares, templos, sarcófagos y galeras. La aldea de los cedros, encontrada a 2000 m de altitud, es un centro de esquí muy pintoresco con hoteles, chalets, y pistas para esquiar. Cerca está la gruta de Qadisha, una caverna natural con formaciones estalagmitas y estalactitas.

    Historia. El Líbano es heredero de la civilización fenicia y desde la antigüedad fue dominado por los imperios macedónico, romano y bizantino. Cuando en el año 634 se produjo ~ conquista árabe, los cristianos maronitas se refugiaron en las montañas. Los cruzados se apoderaron de la región entre 1098 y 1291, pero en 1521 fue integrada en el Imperio Otomano. En 1860 comenzó la intervención francesa. En 1943 obtuvo la independencia, adoptando el régimen de república presidencialista. El Estado así constituido englobaba

    a distintos grupos étnicos y confesionales con planteamientos políticos divergentes; la estabilidad se logró mediante una fórmula de poder compartido, en la que la presidencia era desempeñada por un cristiano y la jefatura de gobierno por un musulmán de rito sunní. En 1967 se produjo la tercera guerra árabe-israelí, y al término de la misma se asentó en el país un importante número de refugiados palestinos. Desde sus bases del Líbano, los palestinos iniciaron una actividad guerrillera contra Israel, que provocó el enfrentamiento de los distintos grupos políticos libaneses. La creciente tensión estalló en 1975, cuando comenzó la guerra civil entre los distintos grupos, acrecentada por las acciones de los refugiados palestinos y la intervención de los ejércitos sirio e israelí. En 1981 las tropas sirias penetraron en el Norte del país y en 1982 las israelíes en la zona Sur, hasta Beirut, de donde expulsaron a los combatientes de la OLP. En 1983 se estableció en el país una fuerza pacificadora occidental, con tropas de EE UU.,, Francia e Italia, que sufrió continuos ataques terroristas hasta su partida en 1984. En 1991 se acordó el desarme de las diferentes milicias y se firmó un tratado de amistad con Siria. El proceso de normalización fue puesto en peligro en los años siguientes por los enfrentamientos en el Sur del Líbano entre Israel y miembros del grupo integrista Hezbollah, así como por la desastrosa situación económica. En mayo de 2000, el ejército israelí se retiró del Sur del Líbano, poniendo fin a 22 años de ocupación. Aunque temporalmente el país vuelve a vivir una época de paz, salpicada de vez en cuando por atentados y escaramuzas entre Hezbollah e Israel en el sur del país, la situación política en el interior no ha mejorado, con una enorme división política entre los distintos grupos.

    El mensaje del Líbano: Un hito en la historia moderna del Líbano lo constituye la visita del Papa Juan Pablo II al Líbano el 10 de Mayo 1997. Durante esa visita el Papa festejó su cumpleaños y pidió a las multitudes de todos los credos que le cantaran el feliz cumpleaños en árabe. Ante esta multitud el Papa pronunció su famosa frase al describir al Líbano como un "mensaje" hacia el mundo. Un mensaje de convivencia, de paz, de pluralismo religioso basado en el respeto mutuo, la igualdad y la libertad. Un mensaje de cultura milenaria que, compartida con sus vecinos, constituye la cuna de la civilización universal. El alfabeto de Biblos, la urbanización del mediterráneo a través de la fundación de decenas de ciudades muchas de las cuales son hoy en día perlas del mediterráneo, la barca, la filosofía de Tales, Zenón de Sidon fundador del Estoicismo, Pitagoras que nació y estudió en Sidon, el tratamiento del átomo por parte de Makos de Sidon, Europa la hija del rey de Tiro que fue secuestrada por Zeuz y cuyo nombre se hizo continente, Kadmus el hermano de Europa que se convirtió en maestro de los griegos al enseñarles el alfabeto, no son más que destellos de aquella cuna y aquel mensaje en un país que hoy vuelve a dar un ejemplo de extraordinaria reconstrucción.

    Conclusiones

    La cultura fenicia es una civilización antigua que no dejó firmes huellas físicas de su existencia. Su lugar geográfico en la historia, es la actual República Libanesa, y el crecimiento desproporcionado de las ciudades, así como los frecuentes enfrentamientos bélicos del pasado, generaron un gran retraso para el hallazgo de nuevas y avanzadas muestras de un pasado glorioso. Sin embargo, a diferencia de otras, dejó un importante legado cultural a las civilizaciones posteriores, entre ellas crear un importante vínculo entre las civilizaciones mediterráneas, los principios comerciales y el alfabeto, que fueron los legados más importantes que dejaron los fenicios. Los fenicios ejercieron una poderosa influencia sobre toda la cuenca del mar Mediterráneo.

    se convirtieron en los grandes navegantes de la antigüedad, y propagaron por el Mediterráneo la civilización de los pueblos del Cercano Oriente.

    Grandes civilizaciones actuales; comunicación escrita, moneda, navegación, industria del vidrio, y otros.

    Según estudios recientes financiados por la revista National Geographic, al analizarse el cromosoma Y de los huesos procedentes de antiguos enterramientos fenicios y cotejarlos con los de personas vivas actualmente, ya sea en el Líbano o en cualquier otra parte del Mediterráneo, se ha podido demostrar que el material genético es el mismo. Aún más, la línea sanguínea fenicia proviene de antiguos substratos mediterráneos. Pero, ¿de dónde salieron los fenicios?.Según Heródoto: "De acuerdo a los Persas, los mejor versados en Historia, los primeros fenicios tuvieron discrepancias entre sí y una parte de ellos se desplazó a las cuencas del Mar de Eritrea, habiendo migrado al Mediterráneo desde un lugar desconocido y asentándose en lugares inhabitados, aventurándose posteriormente, a realizar largos viajes más allá de Egipto y Asiria…"Sin embargo, esta breve descripción de Heródoto sobre el origen de los fenicios, actualmente se considera poco más que una leyenda, puesto que sabemos a día de hoy que realmente los fenicios eran, seguramente, cananitas. Según las Tablillas de Amarna, del siglo 14 a.C. se autodenominaban Kenaani o Kinaani, o sea, cananitas. Sin embargo, muchos arqueólogos piensan que los fenicios son sencillamente indistinguibles de los descendientes de los primigenios cananitas, que durante siglos desarrollaron una particular cultura y habilidad. Otros creen, al igual que Heródoto, que la cultura fenicia debió basarse en un origen externo. Tenemos pues, toda clase de exposiciones: que los fenicios eran comerciantes que procedían del País de Punt (el Ta Netjer egipcio o Tierra de los Dioses) basándose en antiguos papiros de las primeras dinastías, siendo la ubicación de Punt uno de los grandes misterios de la arqueología actual, puesto que se ha situado desde algún punto al sur de Nubia (actualmente Sudán), como en las tierras altas de Etiopía, al sur de Eritrea e incluso en el actual Líbano; que los fenicios tienen algún tipo de relación con los minoicos, con los Pueblos del Mar, con los filisteos e incluso que se trata de una de las Doce Tribus perdidas de Israel.

    El Líbano, que en la antigüedad fue centro de la cultura fenicia, constituyó un puente entre Oriente y Occidente. Varios pueblos ocuparon su territorio y dejaron monumentos de gran valor arqueológico. En Baalbek, los romanos levantaron un templo dedicado al dios Baco, en el que se encuentran las mayores columnas construidas por esa civilización.

    Bibliografía consultada

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    • "Historia del Mundo" José Pijoan, tomo II, Ed. Salvat, Madrid 1979.

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    • "Fenicia", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 97 © 1993-1996 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

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    http://www.amarre.com/html/historias/viajes/fenicios.php

    http://html.rincondelvago.com/civilizacion-fenicia.html

    http://wapedia.mobi/es/Fenicia

    http://www.ua.es/dossierprensa/2002/05/03/19.html

    http://www.monografias.com/trabajos15/fenicios/fenicios.shtml

    http://www.misionlibanesa.com.ar/Fenicios/index.htm

    http://www.redmagisterial.com/ligoteca/fenicios.htm

    Anexos

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    Autor:

    Ronald Ramos

    ramos456[arroba]hotmail.com



    También lo podeis encontrar en http://www.monografias.com/trabajos73/cultura-fenicia/cultura-fenicia.shtml

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    (obligatorio)