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Los Estados Unidos en la pupila de José Martí

February 24, 2013 por Rodrigo   Comentarios (0)

    Si bien José Martí no fue un filósofo, en el sentido tradicional de la palabra, de su pensamiento filosófico puede decirse lo que él dijera del poeta Walt Whitman: "su método a de ser grande, puesto que su efecto lo es". En última instancia, toda su vida es una plasmación de la exigencia hecha por Karl Marx a los filósofos en su conocida Tesis 11 sobre Feuerbach.

    El Idealismo Práctico de José Martí – como calificara a su filosofía el gran hispanista francés Noel Salomón -, pletórico de análisis materialistas en múltiples aspectos, sobre todo de la vida social, constituyó el sustrato más general para su apostolado político, dedicado a preparar a los hombres para obtener la independencia y la justicia mayor para Cuba, y la segunda y definitiva independencia de Nuestra América.

    Entre los postulados martianos sobre el desarrollo social se destaca la fundamentación de la necesidad de las revoluciones, cuando la evolución normal de la sociedad es interrumpida.

    Para él "De vez en cuando es necesario sacudir el mundo para que lo podrido caiga a tierra."

    Este punto de vista expresa la unidad indisoluble entre su labor intelectual, su praxis política y su visión ética de la vida.

    El grave problema ético que significaba, para un humanista como Martí, ser el instigador máximo de la Guerra Necesaria hallaba su respuesta en el análisis objetivo, científico, de la realidad cubana; al respecto aclaraba: "Esta no es la revolución de la cólera. Es la revolución de la reflexión. Es la única forma, es la única vía porque podemos llegar, tan pronto como nuestras necesidades imperiosas quieren, a la realización de nuestros brillantes y enérgicos destinos." (OC. T21. P107-108).

    Sin llegar a un enfoque teleológico, el devenir del género humano es concebido por Martí como el ascenso, desde las sociedades más egoístas, hacia las altruistas, pasando por las eras de la tiranía, la independencia, la libertad y una futura, de la justicia.

    Sobre ellas apuntaba: "Ya pasamos, quizás, aquellas dos primeras eras de la historia. Desde el 79 (debe ser 1789) ha empezado el mundo a realizar como efectiva la tercera, que en principio y en ansiedad no dejó de entender y sentir nunca. ¡quién sabe; nadie aún puede saber; cuando la cuarta venturosa época iluminará y revivirá¡" (OC. T21. P75-76)

    Todo este arsenal de ideas que conforman, entre otras, lo que pudieramos llamar la filosofía martiana de la historia, fueron puestas en función del estudio del país más complejo y dinámico de su tiempo: los Estados Unidos, o como él solía llamarlo, la "América Europea".

    Los Estados Unidos – donde Martí se asentara por la existencia de fuertes núcleos de cubanos en varias ciudades y sus costumbres liberales – eran un país muy distinto a los vividos por él con anterioridad. Al decir de Marx – y de Martí – aquel era un gigante que avanzaba "Con las botas de siete leguas".

    Su impetuoso desarrollo industrial, basado en la aplicación de los avances más modernos de la ciencia y la técnica; la expansión territorial, a expensas de México y de las tierras arrebatadas a los indios; la gran población inmigrante (unos 14 millones, entre 1860 y 1900); el proceso acelerado de concentración y centralización de la producción y el capital, que dio lugar a los primeros monopolios; la riqueza desbordante en un polo y la explotación despiadada de la clase obrera en el otro, provocando una aguda lucha de clases y el predominio del pragmatismo en la ideología y la psicología social, hacían de la sociedad norteamericana algo novedoso – aunque no desconocido – para Martí, quien se consagró con ahínco al estudio de aquella experiencia social, llegando a convertirse en "el latinoamericano que mejor conocía a los Estados Unidos". (Retamar, R. 1974)

    Los criterios éticos de José Martí, que marcan, cual un imperativo categórico, toda su actividad, condicionan su crítica temprana a la "metalificación helada" (1875) de la sociedad norteamericana, fruto del predominio de la moral pragmática.

    En los análisis de la sociedad, José Martí adopta puntos de vista metodológicos cercanos a los de la historiografía francesa de la Restauración y los textos marxistas sobre la sociedad. Así, al estudiar a los Estados Unidos parte de un enfoque integrador y dinámico de la sociedad – casi sociológico -, postulando que: "Para conocer a un pueblo se le ha de estudiar en todos sus aspectos y expresiones: ¡en sus elementos, en sus tendencias, en sus apóstoles, en sus poetas y en sus bandidos¡". Este enfoque le permitirá llegar a precisar las características esenciales, misión fundamental del investigador, pues acotaba, se debía "estudiar las cosas en su raíz y significación, no en su mera apariencia".




    Para un líder independentista cubano como Martí era muy importante llegar a comprender y dominar la política de los Estados Unidos, dado el interés manifestado desde siempre por sus gobernantes, en apoderarse de la Isla de Cuba.

    Martí sabía que, en los años 40 y 50 del siglo XIX, los esclavistas del Sur fomentaron varios intentos infructuosos para anexar a Cuba, tratando de sumarla a ese bloque de estados. Ya en la década de los 80, con el incremento del comercio y la inversión de capitales, Estados Unidos se habían convertido en la metrópoli económica de Cuba. Por esos años, los expansionistas norteamericanos, encabezados por James Blaine, se sentían con fuerzas para arrebatar a Inglaterra su control sobre la Iberoamérica y proclamaron la doctrina del Panamericanismo, materializada en la Primera Conferencia Internacional Americana (1889) y su engendro, la Primera Conferencia Monetaria Internacional (1891). Martí fue testigo, cronista y protagonista de estas reuniones trascendentales.

    La vida en aquel gran país depara influencias para Martí y participaciones en los sucesos de su entorno. Como parte de las influencias recibidas durante su larga estancia en los Estados Unidos (1881 – 1882), las ideas de varios filósofos anglosajones, que también eran poetas, fueron asimiladas por Martí. Se destacan, entre éllos, el inglés Thomas Carlyle, con su teoría de los héroes, y el norteamericano Ralph Emerson, con su Filosofía Trascendental, tan cercana a Martí por su alta dosis de panteísmo y culto a la espiritualidad. El artículo que dedicara al gran filósofo norteamericano es todo un manifiesto panteísta, donde su identificación con la manera de pensar de Emerson brota a cada instante.

    En la "América Europea" continúa, de manera indirecta, el enfrentamiento de Martí a las posiciones reaccionarias e inmorales de representantes de la Iglesia, lo cual no puede identificarse con un pensamiento antireligioso, ni siquiera anticlerical, pues su religiosidad no deja lugar a dudas, para él: "todo pueblo necesita ser religioso. No solo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo. Es innata la reflexión del espíritu en un ser superior, aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre lo siente." (OC. T19. P.362).

    Asimismo, Martí exaltó las posturas de sacerdotes progresistas, como el cubano Félix Varela, el mejicano Miguel Hidalgo y el irlandés Edward Mc Glynn, párroco del Brooklyn. Sobre este último escribió varias de sus Escenas Norteamericanas, donde fustiga a la jerarquía eclesiástica que excomulgó a Mc Glynn por su apoyo a los reclamos populares y denuncia la alianza del alto clero con los políticos.

    Sobre ellos apuntaba: "Así hablaba la Iglesia: Al político: Dame esta tierra, esta ley, ese derecho exclusivo: yo haré que vote por tu candidato mi rebaño. Al rico: Las masas se están echando encima. Solo la Iglesia, prometiéndoles justicia en el cielo puede contenerlas. Es necesario hacer frente a las masas. Al pobre: La pobreza es divina ¿qué cosa más bella que un alma fortificada por la resignación?. Allá en el cielo se encuentra luego el premio y el descanso."

    En su artículo "El Padre Mc Glynn", Martí cita fragmentos del discurso de este sacerdote, haciendo hincapié en esta frase que no requiere comentarios: "¡ Sed católicos, pero hasta el iinstante en que para serlo tengais que ser traidores a la Patria¡"

    En los Estados Unidos, Martí llegó a percibir con mayor claridad la interrelación entre la lucha independentista de Cuba, los intereses comunes de Nuestra América, la postura imperialista de Washington y los asuntos mundiales, tan inestables en aquella época de reacomodo de las potencias y de sus esferas de influencia. Así, el Apóstol advierte la ligazón existente entre los intereses de los anexionistas cubanos y los expansionistas yanquis, aliados estratégicos del colonialismo español para impedir la independencia de Cuba, hasta que los Estados Unidos tuvieran fuerzas suficientes para anexarla. Por ello se opone firmemente a que se negocie la independencia de Cuba a través de una mediación de los Estados Unidos, pues, con mucha claridad advertía, en Carta a Gonzalo de Quesada, de octubre de 1889, "Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella?"

    Su artículo "Vindicación de Cuba", aparecido en "The Evening Post", el 21-3-1889, escrito en respuesta a un libelo norteamericano, insultante para la dignidad de los cubanos, es todo un argumento apasionado contra la anexión, una denuncia de la doblez del gobierno norteamericano ante la lucha independentista de los cubanos y una respuesta viril a las tergiversaciones de la historia de Cuba y de las virtudes del pueblo cubano, hechas en el periódico "The Manufacturer", de Filadelfia.

    En 1894, ya en vísperas de iniciar la Guerra Necesaria, publica, en su periódico "Patria", un artículo cardinal: "La verdad sobre los Estados Unidos" (23-3-1894), donde señala las causas reales de las similitudes y diferencias entre las dos Américas; valora críticamente las entrañas de aquel país y argumenta contra las "ilusiones" respecto a la actitudde los Estados Unidos, que ocasionan, en algunos latinos, una "yanquimanía", madre del anexionismo.

    Como remedio para estos males postula, con carácter de ley sociológica, el siguiente postulado: "Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos".

    La visión martiana de los Estados Unidos no era antinorteamericana, pues estaba impregnada de un conocimiento profundo de la historia y de la realidad del país, permitiéndole llegar a una valoración que es, al mismo tiempo, crítica de los defectos y entusiasta con los aspectos positivos y novedosos de aquel inmenso país y de sus grandes hombres.

    En una sentencia Martí define su posición al respecto: "Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting".

     

     

     

     

     

    Autor:

    Lic. Luis Kuan Morell

    dbuchaca[arroba]ucp.ssp.rimed.cu



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