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Euroinnova Formación

 

Importancia de la práctica de valores

March 10, 2013 por Juliana   Comentarios (0)

    1. Introducción
    2. Agenda de actividades
    3. Valores
    4. Coherencia de vida
    5. Práctica democrática
    6. Conclusión
    7. Bibliografía
    8. Anexos

    Introducción

    He considerado importante el tema, y por ello su elección, partiendo principalmente desde lo que nos plantean los Fines, Objetivos Generales y Fundamentos de la Educación Paraguaya, habiendo analizando la realidad actual de nuestra sociedad y viendo la necesidad de hacer concreto cada uno de esos valores en el vivir cotidiano de todas las personas, sin tener en cuenta, condiciones, posiciones, etc. Es necesario que podamos enfrentarnos a cada uno de los valores y hacer que formen parte de nuestra actitud como persona íntegra dentro del ambiente donde convivimos.

    Lo que deberíamos tener en cuenta es la significación de los valores en cuanto a lo que hace a la sociedad y a la persona. Pero su importancia no radica simplemente en conocerlos, sino, y por sobre todo, hacerlo parte de uno. No sé si de decir que con ellos hemos de aprender algo, pues considero que es un tema que muchos conocen pero que muy pocos lo han puesto en práctica que es el fundamento principal de ello.

    Analizando las condiciones actuales por las que camina la sociedad, hemos de notar que estos valores son una condición imprescindible para el relacionamiento.

    No me atrevería a mencionar que sería un arduo el trabajo de investigación ya que forma parte de nuestra realidad pero sí requeriría de una visión crítica y un análisis exhaustivo para poder ajustar lo que dicen los materiales respecto a ellos (los valores) con la realidad actual y teniendo en cuanta las diversas situaciones tanto personales como sociales.

    Lo destacable en nuestra actualidad es que se ha ido cambiando el verdadero concepto por los que son llamados "pseudovalores", o sea, el considerar un contravalor como un atributo o virtud de la persona cuando realmente se trata de un atropello a la esencia de los valores. Pero, tampoco debemos olvidar que existen los llamados "contravalores" que son los que en realidad perjudican o minimizan al hombre y a la sociedad.

    Además, es necesario resaltar que en las prácticas democráticas y en la coherencia de vida siempre son los valores, de cualquier tipo, que toman un papel protagónico en la concreción de dichos modos de vida.

    Agenda de actividades

    Sede: Sala del Tercer curso de Ciencias Sociales

    Tema: "Importancia de la práctica de valores y de la coherencia de vida. Necesidad de las prácticas democráticas".

    Beneficiarios: Estudiantes Docentes de Ciencias Sociales del Tercer curso

    Fecha: 5 de Noviembre de 2009 Carga horaria: 60 min.

    Responsable: Juan Gabriel Saravia Barreto

    Objetivos:

    • a- Conceptualiza valores

    • b- Reconoce la importancia de la coherencia de vida

    • c- Destaca la necesidad de la prácticas democráticas

    • d- Asume una postura respecto a la importancia de la práctica de valores y de la coherencia de vida y sobre la necesidad de las prácticas democráticas como formas de convivencia.

    Cronograma:

    • 18:10 a 18:15: Saludo y presentación del tema

    • 18:15 a 18:25: Experiencia previa

    • 18:25 a 18:55: Desarrollo del tema

    • 18:55 a 19:05: Debate sobre el tema

    • 19:05 a 19:10: Conclusión final

    SUBTEMAS

    ACTIVIDADES

    METODOLOGÍA

    TIEMPO

    • 1. VALORES:

    • El Hombre

    • Los valores. Origen

    • Concepto

    • Características

    • Jerarquía de Valores

    • Tipos

    • Normas, valores y conciencia

    - Moral y Ética: valores absolutos y relativos

    - La ética de los valores

    - Contravalores o antivalores

    - La práctica de los valores.

    - Importancia de la práctica de valores.

    2 .COHERENCIA DE VIDA

    • Significación e importancia

    • Disonancia cognitiva o incongruencia

    • Implicancias

    • Educar desde la coherencia

    3.PRACTICAS DEMOCRÁTICAS

    • La democracia. Aspecto histórico.

    • Concepto

    • Origen y etimología

    • Valores democráticos

    • Participación y democracia

    • Práctica de los valores democráticos. Necesidad

    • 1. Saludo

    • 2. Presentación del Tema

    • 3. Experiencia Previa

    • 4. Desarrollo del tema

    • 5. Debate sobre el tema

    • 6. Conclusión final

    • 7. Despedida

    Exposición–recepción

    Pregunta – respuesta

    60 min.

    Valores

    Partes: 1, 2, 3



    1.1 EL HOMBRE

    Para poder adentrarnos dentro de lo que son los valores y todas sus características es necesario entender que el único ser capaz de cultivar y vivir estos valores es el hombre. Tomando la idea de que el hombre como tal es un ser racional por excelencia, podemos afirmar que los valores sólo los vive el hombre racional. Pero, ¿Qué es el hombre? Si la respuesta a este cuestionamiento pudiera hacerse de modo científico, el trabajo de explicar su esencia sería fácil y así comprenderíamos con mayor prontitud a la humanidad en sí. Mas no se ha llegado nunca a un acuerdo sobre ese ser del hombre, sino más bien, a medida que va avanzando el pensamiento y ha progresado moralmente, la concreción se ha ido haciendo más difícil. A lo largo de la historia, han surgido diversas disciplinas (o ciencias) que han querido explicar este cuestionamiento, pero en su mayoría, por no decir todas, han quedado sólo en la periferia de su objeto formal de estudio y han hecho más incomprensible este planteamiento. Ello no significa que sea imposible explicarlo; el hombre es entendido, en todas sus dimensiones, a lo largo de la historia como un todo compuesto de dos aspectos fundamentales (corporal y espiritual). Es importante acotar aquí que no nos referimos al hombre como género sino como un todo general y complejo, el ser humano. Los griegos limitaron la finalidad del ser humano a la de ser un excelente ciudadano. El pensamiento cristiano hizo depender el ser del hombre de la voluntad divina (en cuanto hijo de Dios) ser único e irrepetible, hecho a imagen y semejanza de su Creador. En cambio, la modernidad proclama, por encima de todo, la individualidad de la persona: el individuo es un ser fundamentalmente, "libre" con derecho a elegir su propia vida. Otras características del hombre son: es el único ser que es capaz de vivir en sociedad, en donde se relaciona con los demás y se desarrolla (Sociología), un ser con historia, costumbres, tradiciones, saberes, cultura, etc. (Antropología), un ser con una conducta (Psicología), un ser con principios, valores, conocimientos, limitaciones. En todo, no hemos dado con un concepto básico del HOMBRE, pero, por lo comentado podemos deducir que le hombres es: "Un ser racional, LIBRE, único, irrepetible, complejo, que vive en una sociedad, posee creencias, principios, valores, conocimientos, movido por su conducta, con tendencia a la felicidad. Pero con esto no se resume lo que es el hombre, es solo para poder llegar a entender al hombre como el principal manifestador de los valores, de la coherencia de vida y de las prácticas democráticas en una gran dimensión de su todo. No diremos que esto hace al hombre, pues ello sería encasillarlo y no darle libertad, atraparlo en un concepto, solo queremos puntualizarlo en estos aspectos.

    1.2 LOS VALORES. ORIGEN

    La génesis del valor humano se desprende del vocablo latín aestimable que le da significación etimológica al término primeramente sin significación filosófica. Pero con el proceso de generalización del pensamiento humano, que tiene lugar en los principales países de Europa, adquiere su interpretación filosófica. Aunque es sólo en el siglo XX cuando comienza a utilizarse el término axiología (del griego axia, valor y logos, estudio).

    En los tiempos antiguos los problemas axiológicos interesaron a los filósofos, por ejemplo: desde Sócrates[1]eran objetos de análisis conceptos tales como "la belleza", "el bien", "el mal".

    Los estoicos[2]se preocuparon por explicarse la existencia y contenido de los valores, a partir de las preferencias en la esfera ética y en estrecha relación, por tanto, con las selecciones morales, hablaban de valores como dignidad, virtud…

    Los valores fueron del interés además de representantes de la filosofía como Platón para el cual valor "es lo que da la verdad a los objetos cognoscibles, la luz y belleza a las cosas, etc., en una palabra es la fuente de todo ser en el hombre y fuera de él"

    A su vez Aristóteles abordó en su obra el tema de la moral y las concepciones del valor que tienen los bienes.

    En el Modernismo resurge la concepción subjetiva de los valores, retomando algunas tesis aristotélicas. Hobbes[3]en esta etapa expresó: "Lo que de algún modo es objeto de apetito o deseo humano es lo que se llama bueno. Y el objeto de su odio y aversión, malo; y de su desprecio, lo vil y lo indigno". Pero estas palabras de bueno, malo y despreciable siempre se usan en relación con la persona que los utiliza. "No son siempre una regla de bien, si no tomada de la naturaleza de los objetos mismos".

    Hasta este momento de la historia de los valores y luego en la axiología se expresa el significado externo de los objetos para el hombre, se hace un análisis idealista subjetivo, y desde este punto de vista los valores se fetichizan o se reducen a propiedades naturales.

    En la segunda mitad del siglo XIX, con la agudización de las contradicciones propias de la sociedad capitalista, es cuando el estudio de los valores ocupó un lugar propio e independiente en la filosofía burguesa convirtiéndose en una de sus partes integrantes.

    Max Scheler[4]fue el filósofo que más abordó el tema en esta etapa. Para él los valores son cualidades de orden especial que descansan en sí mismos y se justifican por su contenido. El sentimiento de valor es una capacidad que tiene el hombre para captar los valores. Para Scheler: "el hombre es hombre porque tiene sentimiento de valor".

    A fines del siglo XIX y principios del XX con estos aportes del marxismo se comienza a abordar el concepto de valor sobre la base de la relación sujeto-objeto, de la correlación entre lo material y lo ideal. De ahí que la filosofía marxista leninista establezca el análisis objetivo de los valores, a partir del principio del "determinismo aplicado a la vida social, donde se gesta el valor y las dimensiones valorativas de la realidad", es decir, esa capacidad que poseen los objetos y fenómenos de la realidad objetiva de satisfacer alguna necesidad humana.

    1.3 CONCEPTO

    Aún cuando el tema de los valores es considerado relativamente reciente en filosofía, los valores están presentes desde los inicios de la humanidad. Para el ser humano siempre han existido cosas valiosas: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud. Sin embargo, el criterio para darles valor ha variado a través de los tiempos. Se puede valorar de acuerdo con criterios estéticos, esquemas sociales, costumbres, principios éticos o, en otros términos, por el costo, la utilidad, el bienestar, el placer, el prestigio.

    Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. Por ejemplo, la virtud y la felicidad son valores; pero no podríamos enseñar a las personas del mundo actual a ser virtuosas según la concepción que tuvieron los griegos de la antigüedad. Es precisamente el significado social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye para diferenciar los valores tradicionales, aquellos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres culturales o principios religiosos, y los valores modernos, los que comparten las personas de la sociedad actual.

    Pero ¿Qué se entiende por valores?: Este concepto abarca contenidos y significados diferentes y ha sido abordado desde diversas perspectivas y teorías. En sentido humanista, se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo, se considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar que robar. La práctica del valor desarrolla la humanidad de la persona, mientras que el contravalor lo despoja de esa cualidad. Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que dan determinada orientación a la conducta y a la vida de cada individuo y de cada grupo social.

    La esencia de los valores es su valer, el ser valioso. Ese valor no depende de apreciaciones subjetivas individuales; los valores son objetivos, situados fuera del tiempo y del espacio.

    Los valores se perciben mediante una operación no intelectual llamada estimación.

    Todo valor tiene una polaridad, ya que puede ser positivo y negativo; es valor o contravalor.

    Cualquier valor está vinculado a la reacción del sujeto que lo estima. Hay unos más estimables que otros, les otorgamos una jerarquía. Según ésta, los valores pueden clasificarse en vitales, materiales, intelectuales, morales, estéticos y religioso.

    "Todo valor supone la existencia de una cosa o persona que lo posee y de un sujeto que lo aprecia o descubre, pero no es ni lo uno ni lo otro. Los valores no tienen existencia real sino adherida a los objetos que lo sostienen. Antes son meras posibilidades."

    Los valores (dignos, apreciables) son instancias válidas que se presentan en las actividades de los seres humanos, teniendo como consecuencia la aceptación o el rechazo de que algo o alguien sea bueno o malo[5]

    Desde que el ser humano tuvo conciencia, pudo darse cuenta de que en el mundo se encontraba con situaciones conflictivas o problemáticas. Por ellos fue que se instalaron ciertos criterios, normas, principios y valores que ayudarían a regular dicha situación. Y aunque a veces se da la cuestión de que los valores pertenecen a las divinidades, o que es una cuestión de religión, nos damos cuente que los valores en sí, encuentran su fundamento en el hombre, en su comportamiento con los demás, en su relacionamiento. Tampoco podemos pensar que las divinidades no toman parte en esta prerrogativa, podríamos decir incluso que en ellos toma inspiración el hombre para establecer aquellos criterios, normas, principios, y, por sobre todo, los valores.

    Aunque las necesidades del hombre desempeñan un papel importante en el surgimiento de los valores, no implica que la actividad subjetiva haga que los valores sean también subjetivos pues están determinados por la sociedad y no por un individuo aislado

    En valor también pueden convertirse determinadas formaciones espirituales las ideas, las teorías. Pero aún estos fenómenos espirituales siendo subjetivos por su existencia, sólo se convierten en valor en la medida en que se correspondan con las tendencias del desarrollo social.

    De tal forma los valores no existen fuera de las relaciones sociales, de la sociedad y el hombre. El valor es un concepto que por un lado expresa las necesidades cambiantes del hombre y por otro fija la significación positiva de los fenómenos naturales y sociales para la existencia y desarrollo de la sociedad.

    Primeramente esta concepción se refiere a bienes y materiales naturales, valores de uso, al carácter progresivo o reaccionario de los acontecimientos históricos, a la herencia cultural y a las características estéticas de los objetos.

    En el segundo caso se trata de valoraciones, situaciones y actitudes, representaciones normativas, así como del sentido de la historia de los ideales y principios.

    En la actualidad, a través de la década del noventa, las condiciones se han trasformado, han cambiado. De ahí que el pensamiento filosófico capte las actuales condiciones, confirme así el carácter histórico concreto del valor, y ofrezca nuevas tesis.

    Fabelo establece ahora tres planos de análisis: el primero son los valores objetivos, como las partes que constituyen la realidad social tales como: los objetos, fenómenos, tendencias, ideas, concepciones, conductas. Estos pueden desempeñar la función de favorecer u obstaculizar la función social, respectivamente será un valor o un antivalor. Este es un sistema de valores objetivos.

    El segundo plano es un sistema subjetivo de valores y se refiere a la forma en que se refleja en la conciencia la significación social ya sea individual o colectiva. Estos valores cumplen una función como reguladores internos de la actividad humana. Pueden coincidir en mayor o menor medida con el sistema objetivo de valores.

    El tercer plano es un sistema de valores institucionalizados, que son los que la sociedad debe organizar y hacer funcionar. De este sistema emana la ideología oficial, la política interna y externa, las normas jurídicas, el derecho y la educación formal. Estos valores pueden coincidir o no con el sistema de valores objetivos.

    Aunque el proceso subjetivo, de concientización de un determinado sujeto, es importante, no es ajeno a los otros dos momentos. Pues los valores que se forman son el resultado de los valores objetivos y los socialmente institucionalizados.

    Lo que provoca la disminución del valor a los fenómenos espirituales, sociales y se le conceda mucho más valor a los que se asocien a la satisfacción de necesidades materiales.

    En nuestro país de manera general existe una juventud que es heredera de valores como la independencia, la solidaridad, y la justicia social. Sin embargo, en una parte de esa juventud pueden observarse síntomas evidentes de crisis de valores. Entre los síntomas están los siguientes: inseguridad acerca de cual es el verdadero sistema de valores, qué considerar valioso y qué antivalioso, sentimiento de pérdida de validez de lo que hasta ahora era valioso y por tanto atribución de valor a lo que hasta entonces era antivalioso, cambios en el sistema jerárquico, otorgándole mayor prioridad a valores que eran más bajos.

    Pero se considera que no se ha producido una crisis total del sistema de valores; si no que estos síntomas indican un debilitamiento de determinados valores, en determinados grupos sociales dado un proceso de reordenamiento, o reacomodo económico.

    No obstante en nuestro país reafirmamos "que la solidaridad es más rentable que el egoísmo, que el costo de la codicia es superior al de la generosidad, que la eficiencia basada en la administración democrática es superior a la genialidad de cualquier burócrata y que el economismo no puede ser la supraideología de una nación que aspira a seguir siéndolo con todos y para el bien de todos".

    1.4 CARACTERÍSTICAS DE LOS VALORES

    Una de las características de los valores es la que se denomina polaridad, ello significa que a cada valor corresponde un antivalor, a aquello que posee un sentido valioso para la existencia se opone el significado de lo que no tiene sentido para la misma. El filósofo español José Ortega y Gasset[6]raciovitalista[7]habla de los valores y de sus contrarios.

    ¿Qué hace que algo sea valioso? La humanidad ha adoptado criterios a partir de los cuales se establece la categoría o la jerarquía de los valores.

    Algunos de esos criterios son:

    (a) Durabilidad: los valores se reflejan en el curso de la vida. Hay valores que son más permanentes en el tiempo que otros. Por ejemplo, el valor del placer es más fugaz que el de la verdad.

    (b) Integralidad: cada valor es una abstracción íntegra en sí mismo, no es divisible.

    (c) Flexibilidad: los valores cambian con las necesidades y experiencias de las personas.

    (d) Satisfacción: los valores generan satisfacción en las personas que los practican.

    (e) Polaridad: todo valor se presenta en sentido positivo y negativo; Todo valor conlleva un contravalor.

    (f) Jerarquía: Hay valores que son considerados superiores (dignidad, libertad) y otros como inferiores (los relacionados con las necesidades básicas o vitales). Las jerarquías de valores no son rígidas ni predeterminadas; se van construyendo progresivamente a lo largo de la vida de cada persona.

    (g) Trascendencia: Los valores trascienden el plano concreto; dan sentido y significado a la vida humana y a la sociedad.

    (h) Dinamismo: Los valores se transforman con las épocas.

    (i) Aplicabilidad: Los valores se aplican en las diversas situaciones de la vida; entrañan acciones prácticas que reflejan los principios valorativos de la persona.

    (j) Complejidad: Los valores obedecen a causas diversas, requieren complicados juicios y decisiones.

    Monografias.com

    1.5 JERARQUÍA DE VALORES[8]

    Los valores pueden categorizarse obteniendo cierto rango, ya que no todos poseen la misma importancia. Por ello decimos que se jerarquizan los valores, es decir, se sitúan en niveles superiores, intermedios, inferiores o similares a otros. Dependen de las decisiones que partan de un valor supremo, del cual se desprenden otros para ordenarse en forma concatenada.

    La apropiación moral, los actos y la sociedad en que se vive poseen normas de conducta; por ejemplo, el niño, desde muy pequeño, aprende «qué debe hacer» y «qué es bueno» (para él y para todos). Ese conjunto de normas es justamente, lo que se llama «moral». Se puede, pues, llamar «moral» al código de normas acerca de lo que se considera «bueno». Si el ser humano es un animal «político» (es decir, social), necesariamente es también un animal «moral».

    La moral es un conjunto de normas o reglas de acción y de valores, ya que las normas señalan que algo se debe hacer porque se considera como «bueno».

    Toda sociedad cuenta con un código de normas morales, normas sobre el deber y lo bueno, es decir, con una moral. El modo como los miembros de la sociedad aceptan esas normas y las practican puede ser llamado moralidad. Puede darse el caso de que, existiendo una «moral», exista también «inmoralidad».

    La moral kantiana (Kant[9]reposa sobre un postulado fundamental: «la libertad», que se evidencia en el momento en que el sujeto moral es quien se da a sí mismo las normas morales, es «autónomo» (Ley de sí mismo).

    La ética formal kantiana se reduce a:

    • Las normas morales han de poseer validez universal.

    • Rechaza la ética del bien (éticas teológicas).

    • Propone una ética deontológica y procedimental en la que se establece un único criterio para reconocer las normas morales.

    • Reposa sobre la autonomía de la voluntad racional que no se rige por el capricho, sino que quiere lo que debe querer.

    • Lo verdaderamente bueno, por encima de otra cosa es la «buena voluntad».

    1.6 TIPOS

    • a. Valores Religiosos

    Monografias.com

    Hemos visto que en el tema de los valores, la religión juega un papel muy importante, ya que de ella, muchos valores son conocidos y aprendidos. La religión plantea la idea de los valores tanto para un objetivo que es Dios, más que nada, y un fin subjetivo, la santidad. Pero para llegar a estos fines es necesario realizar ciertas actividades que comprometan al sujeto a llevar una vida armoniosa, tanto con su Creador como con sus demás seres del mundo actividades muy imprescindibles que son el culto interno (personal) y el culto externo (comunitario) y, por sobre todo, la práctica de las virtudes sobrenaturales[10]

    En este caso la persona debe dejarse guiar por lo que dice la fe. Busca la realización del hombre para que éste a su vez pueda llegar "ser santo", es decir, la autorrealización personal de cada individuo religioso.

    • b. Valores Morales

    Además d e los valores religiosos nos encontramos con estos tipos de valores (los morales) cuya vital importancia radica en el hecho de que con finalidad objetiva busca la bondad del hombre y también su felicidad. Para ello es se hace imprescindible la incorporación de las virtudes humanas dentro del mundo de actitudes que poseemos como seres humanos. La preponderancia de la práctica de estos valores es que la libertad esta dirigida por la razón y también busca, más que nada la autorrealización de los hombres; busca hacer del ser humano un ser íntegro y con pautas de conducta establecidas que regulan el comportamiento pero que no tienen una obligación pero que requiere de una disposición ante ellos.

    • c. Valores Estéticos

    Este tipo de valor cuenta con un objetivo primordial que es la belleza. Con ellos busca establecer una armonía perfecta en el universo y para ellos propone la contemplación, la creación y la interpretación de todo cuanto se encuentre a su alrededor como actividad para llegar a ella.

    • d. Valores Intelectuales

    La búsqueda constante de la verdad forma parte del objetivo fundamental de este tipo de valor; la sabiduría como fin subjetivo, que hace a cada persona, se consigue por medio de la abstracción y construcción de los conocimientos y la adquisición de nuevas ideas teóricas que fundamenten los previos conocimientos. Para ello es necesario la razón, pero no un tipo de racionalidad cualquiera, sino aquel que ayude a la elevación de la intelectualidad del hombre.

    Así encontramos una serie de tipos de valores que, de una u otra manera, nos facilitan la actividad cotidiana en lo que respecta al bienestar personal y social de cada uno. Entre los ya citados podemos destacar además los valores afectivos que busca más que nada el amor, el placer, el afecto; los valores sociales que son estereotipos que la sociedad planta como modelo de vida basado en el poder, en la fama y en el prestigio y que busca más que nada la interacción de los seres humanos dentro de un contexto social; los valores físicos, que ante cualquier otra lo que busca es el bienestar físico o corporal de las personas por medio de la salud y la higiene; por último podríamos hablar de los valores económicos, que más que nada lo que busca es el bienestar, la riqueza a través de las cosa que tienen un valor convencional por medio de negocios y la correcta administración de los bienes.

    1.7 NORMAS, VALORES Y CONCIENCIA

    Actos, actitudes y carácter representan el aspecto personal de la estructura moral. Las normas y los valores son, en principio, supra-personales; parecen tener carácter «objetivo», y se «interiorizan» por medio de la conciencia.

    Acerca de las normas morales (la «moral» como código), son necesarias, no solo para la sociedad, sino también para el individuo, especialmente en sus primeros años de vida, de lo contrario puede producirse la anomia que provoca desconcierto en él y dificulta su integración social. Los valores morales, por ejemplo: la justicia, la veracidad y el altruismo, trascienden las normas. Es decir, nunca una norma puede agotar el contenido de un valor, es que los valores son ideales que conllevan una exigencia de realización. Representan el deber ser, no el ser o el hecho. Los valores, al ser exigencias, se convierten en llamadas hacia lo mejor, el deber ser.

    Los valores legitiman las normas, pero la aplicación de éstas puede hacerse de dos maneras: rígida y flexiblemente. La conciencia moral representa la personalidad de las normas y los valores, y la posibilidad de la autonomía moral. Sin embargo, se trata de un concepto que se usa frecuentemente con enorme ambigüedad y que necesita ser aclarado. La conciencia moral no es una «cosa» o una «entidad» misteriosa que habita dentro de nosotros, como parecen sugerir expresiones como «el gusano de la conciencia» o «la voz de la conciencia».

    Pero no existen tales afirmaciones. La conciencia es, simplemente, la capacidad de juzgar acerca del valor moral de los propios actos. Cuando las normativas se cumplen surge la moralidad. Es la puesta en práctica de lo propuesto por una sociedad. Desacatar las normas de la ley es estar sujeto a alguna pena o castigo, posee una fuerza que se impone en forma obligatoria, por ejemplo, la ley dice que la persona que cometa violación o crimen alguno será condenada a tantos años de prisión.

    1.8 MORAL Y ÉTICA: VALORES ABSOLUTOS Y RELATIVOS

    La moral es un conjunto de normas y modelos de vida, establecido dentro de un sistema que regla la conducta del varón y la mujer. Esa serie de normas tiene como objetivo dirigir el sentimiento, el pensamiento y las acciones de las personas, brindando modelos de los comportamientos ideales.

    Las acciones acometidas deben implicar la asunción libre y responsable de ciertos valores en pos de hacer el bien. El varón y la mujer son completamente libres para decidir, es decir, existe una autonomía moral sujeta a lo que él o ella decide hacer o no hacer. Cada varón y mujer, de acuerdo con ciertas situaciones, decidirán qué hacer. La teoría opuesta a ésta es la heteronomía moral; la misma considera verdadera la existencia de un orden moral objetivo.

    A modo de conclusión, es fundamental decir que los seres humanos creen tener conciencia, sin dejar de aceptar que tienen también una parte que no es consciente, fuerzas que inciden sobre su conciencia.

    La conducta moral del ser humano moderno está influenciada por la secularización y el secularismo, busca justificarse ante sí mismo, no precisa hacerlo ante nadie, especialmente ante la religión.

    1.9 LA ÉTICA DE LOS VALORES

    Apareció en Alemania con la obra de Max Scheler El Formalismo en la Ética y la Ética material de los valores (1916). El título da a entender que Scheler va a presentar, frente a la ética formal de Kant, una ética material o de contenidos, esos contenidos son los valores.

    • a. La ética de Scheler

    • Niega que el «valor» sea una cualidad «natural».

    • Afirma que es el «valor» una cualidad sui géneris que solo puede ser captada por un tipo especial de intuición. Las filosofías del valor, que surgieron a finales del siglo XIX, pueden dividirse según el modo como responden a esta pregunta: ¿Tienen las cosas valor porque las deseamos (subjetivismo), o las deseamos porque tienen valor (objetivismo)?

    • b. Teorías subjetivistas

    Los valores carecen de realidad objetiva. Es el ser humano quien da valor a las cosas, éstas valen solo en la medida en que son apreciadas, deseadas, etc. Estas teorías son, en general, psicologistas, irracionalistas y relativistas: explican la creación de los valores por procesos psicológicos (individuales o colectivos) de tipo sentimental (irracional); ello hace que las cosas «valgan» para aquellos que les conceden valor y en la medida en que se lo conceden.

    Posiblemente, la obra sistemática más importante es la Teoría general del valor de R.B. Perry, para quien nada posee valor hasta que no se presta interés. Y ya que cualquier tipo de interés puede dirigirse hacia cualquier objeto y convertirlo por ello mismo en valioso, no tiene sentido investigar qué cualidades ha de tener un objeto para que pueda llegar a ser valioso.

    En Francia, E. Durkhein desarrolla una explicación sociológica del origen de los valores. Sartre, en cambio, defiende una concepción muy individualista que parte de un ateísmo consecuente. «Es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible, por lo que cada ser humano se encuentra solo con su libertad y con la obligación de crear sus propios valores. Ahora bien, decir que nosotros creamos los valores no significa nada más que esto: la vida a priori no tiene sentido: le corresponde a cada uno darle sentido, y el valor no es sino ese sentido que se elige».

    Pero Sartre[11]corrige este exagerado individualismo al afirmar con Kant que el individuo debe hacerse responsable de su elección, como si eligiera para toda la humanidad.

    • c. Teorías objetivistas

    Los valores son independientes del ser humano, que no los crea, sino únicamente los descubre. También son independientes respecto a las cosas mismas, con lo cual se afirma la existencia de un ámbito de la realidad distinta de la naturaleza. Scheler es el que mayor repercusión tuvo en este ámbito.

    • d. La teoría de los valores de Scheler

    Para Scheler, el ser humano se encuentra rodeado de un «mundo de valores». Los valores son totalmente objetivos: la persona no los inventa, no los crea, porque son independientes de ellos. Las cosas son únicamente «portadores» de valores, y éstos están en las cosas, pero no son producidos por la cosas. Scheler proclama la plena autonomía de los valores.

    1.10 CONTRAVALORES O ANTIVALORES:

    Así como hay una escala de valores morales también la hay de valores inmorales o antivalores. La deshonestidad, la injusticia, la intransigencia, la intolerancia, la traición, el egoísmo, la irresponsabilidad, la indiferencia, son ejemplos de esto antivalores que rigen la conducta de las personas inmorales. Una persona inmoral es aquella que se coloca frente a la tabla de los valores en actitud negativa, para rechazarlos o violarlos.

    Es lo que llamamos una "persona sin escrúpulos", fría, calculadora, insensible al entorno social.

    El camino de los antivalores es a todas luces equivocado porque no solo nos deshumaniza y nos degrada, sino que nos hace merecedores del desprecio, la desconfianza y el rechazo por parte de nuestros semejantes, cuando no del castigo por parte de la sociedad

    1.11 LA PRÁCTICA DE LOS VALORES. IMPORTANCIA

    La educación en valores debe concretarse en la cotidianeidad. Con referencia al compromiso, ésta hace que una actitud de carácter general (valor) se aplique a una realidad particular o concreta, así por ejemplo, si se mantiene una actitud de justicia (valor), las personas se comprometen con la solución de los problemas de injusticia, por lo menos hasta su alcance.

    La vida es un permanente campo de lucha en el que a las mejores aspiraciones se les oponen grandes y pequeños obstáculos que no dejan prosperar, y frente a ellos es necesario forjarse una voluntad fuerte para lograr los objetivos propuestos (valores).

    Se llega así, a la definición de virtud como la apropiación y realización de un valor, de tal modo que una persona virtuosa es aquella que se esfuerza en su vida diaria por realizar el bien, la verdad, el amor, la ayuda mutua, entre otros.

    La virtud es una fuerza que motiva a realizar permanentemente solo lo que es debido. Recuerda que los valores o virtudes engendran deberes, y que la práctica de éstos se constituye en llevar una vida virtuosa.

    La solidaridad es un elemento esencial de toda relación humana; ya que ella es la que da sentido a la dimensión del ser humano como ser en relación con los otros. El ser humano existe en el mundo acompañado de otros, semejantes a él.

    Se deduce, por tanto, que en orden a la apropiación de los valores tanto para el grupo como para el individuo, es necesario concretar las actitudes en compromisos, así por ejemplo, el respeto a las personas implica aceptar sus forma de ser, sus puntos de vista, sus quejas, sus derechos, etc.

    El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones. Desde el punto de vista ético, la importancia del proceso de valoración deriva de su fuerza orientadora en aras de una moral autónoma del ser humano.

    Es importancia destacar en este aspecto, que las prácticas de valores producen en el hombre un equilibrio tanto personal como social. Ante esto, podemos decir que los contravalores o Antivalores son el retroceso hacia una sociedad primitiva en donde solo reinaba la desigualdad entre otras muchas características que podemos mencionar ante esto. Es decir, la práctica de valores nos ayuda a construir, en cambio los contravalores destruyen y producen una sensación de insatisfacción en el hombre.

    Coherencia de vida

    Camina el hombre siempre entre precipicios y, quiera o no, su más auténtica obligación es guardar el equilibrio. (J. Ortega y Gasset).

    • - SIGNIFICACIÓN E IMPORTANCIA

    Desde los filósofos griegos hasta nuestros días, los autores que han estudiado seriamente la búsqueda humana de las claves del vivir con acierto, se han centrado básicamente en los esfuerzos que el hombre hace por integrar profundamente en su naturaleza ciertos principios y valores como la honestidad, la justicia, la generosidad, el esfuerzo, la paciencia, la humildad, la sencillez, la fidelidad, el valor, la mesura, la lealtad, la veracidad, etc. Y no como una cuestión cosmética sino profunda, que busca cambiar por dentro a la persona, constituir hábitos y rasgos que conformen con hondura el propio carácter.

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    La vida de todo hombre precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento. No puede ser una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido.

    Cada hombre ha de esforzarse en conocerse a sí mismo y en buscar sentido a su vida proponiéndose proyectos y metas a las que se siente llamado y que llenan de contenido su existencia.

    A partir de cierta edad, todo esto ha de ser ya algo bastante definido, de manera que en cada momento uno pueda saber, con un mínimo de certeza, si lo que hace o se propone hacer le aparta o le acerca de esas metas, le facilita o le dificulta ser fiel a sí mismo. Se trata de algo asequible a todos. Lo único que hace falta es —si no se ha hecho— tratarlo seriamente con uno mismo: como decía Epícteto[12]"enseguida te persuadirás: nadie tiene tanto poder para persuadirte a ti como el que tienes tú mismo".

    Para que la vida tenga sentido y merezca la pena ser vivida, es preciso reflexionar con frecuencia, de modo que vayamos eliminando en nosotros los detalles de contradicción o de incoherencia que vayamos detectando, que son obstáculos que nos descaminan de ese itinerario que nos hemos trazado.

    Si con demasiada frecuencia nos proponemos hacer una cosa y luego hacemos otra, es fácil que estén fallando las pautas que conducen nuestra vida. Muchas veces lo justificaremos diciendo que «ya nos gustaría hacer todo lo que nos proponemos», o que siempre «del dicho al hecho hay mucho trecho», o alguna que otra frase lapidaria que nos excuse un poco de corregir el rumbo y esforzarnos seriamente en ser fieles a nuestro proyecto de vida.

    Es un tema difícil, pero tan difícil como importante. A veces la vida parece tan agitada que no nos da tiempo a pensar qué queremos realmente, o por qué, o cómo podemos conseguirlo. Pero hay que pararse a pensar, sin achacar a la complejidad de la vida —como si fuéramos sus víctimas impotentes— lo que muchas veces no es más que una turbia complicidad con la debilidad que hay en nosotros.

    Somos cada uno de nosotros los más interesados en averiguar cuál es el grado de complicidad con todo lo inauténtico que pueda haber en nuestra vida. Si uno aprecia en sí mismo una cierta inconstancia vital, como si anduviera por la vida distraído de sí mismo, como desnortado, sin terminar de tomar las riendas de su existencia —quizá por los problemas que pudiera suponer exigirse coherencia y autenticidad—, parece claro que está en juego su acierto en el vivir y, como consecuencia, una buena parte de la felicidad de quienes le rodean.

    Es verdad que las cosas no son siempre sencillas, y que en ocasiones resulta realmente difícil mantenerse fiel al propio proyecto, pues surgen dificultades serias, y a veces el desánimo se hace presente con toda su paralizante fuerza. Pero hay que mantener la confianza en uno mismo, no decir «no puedo», porque no es verdad, porque casi siempre se puede. No podemos olvidar que hay elecciones que son fundamentales en nuestra vida, y que la dispersión, la frivolidad, la renuncia a aquello que vimos con claridad que debíamos hacer, todo eso, termina afectando al propio hombre, despersonalizándolo.

    2.2 - DISONANCIA COGNITIVA O INCONGRUENCIA

    Los psicólogos defines esta incoherencia de vida como disonancia cognitiva o cognoscitiva, es decir, una incongruencia entre lo que sé y lo que soy. Si bien ellos los asocian con las ideas, las creencias, las costumbres, los sentimientos, nos sirve también para poder entender de qué manera se produce esta incoherencia en las personas

    La teoría de la disonancia cognitiva fue formulada por León Festinger[13]en 1957. Desde entonces hasta ahora han sido muchos los psicólogos sociales que se han ocupado del tema y a su vez, han sido muchas las derivaciones prácticas que se han obtenido de esta teoría.

    Así es como fueron surgiendo consecuencias de estos estudios que han servido para entender mejor las relaciones humanas. De esta manera, conocer esta teoría interesa a todo el mundo, pues vivimos relacionándonos diariamente con otras personas.

    Siempre que no exista una armonía, congruencia o consonancia interna en el sistema cognoscitivo de la persona, diremos que existe una disonancia cognoscitiva o incongruencia.

    Cuando esta disonancia aparece, existe una tendencia, por parte de la persona, a reducirla. Esto es, eliminar la tensión surgida en su interior y restablecer el equilibrio inicial.

    La idea central de la disonancia cognoscitiva podría resumirse de la siguiente manera: cuando se dan a la vez cogniciones o conocimientos que no encajan entre sí por alguna causa (disonancia), automáticamente la persona se esfuerza por lograr que éstas encajen de alguna manera (reducción de la disonancia).

    Naturalmente, no existe una única forma de reducir la disonancia. Existen múltiples caminos y la elección de unos u otros dependerá de múltiples factores. A continuación veremos diversas situaciones que producen o pueden producir disonancia, así como diferentes medios para reducirla.

    • a. Toma de decisiones

    Cada vez que alguien tiene que elegir entre dos o más alternativas, lo normal es que experimente disonancia en mayor o menor grado. Esto es debido a que no existe lo absoluto, y en consecuencia, es muy difícil que se halle la solución ideal. Esto significa que ninguna de las posibles respuestas es totalmente positiva. Y viceversa: ninguna de las alternativas no elegida es completamente negativa.

    Como consecuencia de ello, las cogniciones que la persona tiene con respecto a las características negativas de la alternativa finalmente elegida, son disonantes con la cognición que tiene por haberla elegido. Y al contrario, como las alternativas rechazadas tiene también aspectos positivo, esto hace introducir disonancia, que será mayor cuanto más atractiva sea la alternativa rechazada en relación con la elegida.

    Lo que los estudios han demostrado es que la persona después de tomar la decisión, intentará autoconvencerse de que la alternativa elegida es incluso más interesante y positiva (en relación con las descartadas) de lo que anteriormente suponía.

    • b. Otras derivaciones de la disonancia en la decisión

    Cuando el grado de atracción entre alternativas es muy similar, una vez tomada la decisión, la disonancia conseguida es lógicamente mayor.

    De la misma manera, la cantidad y no sólo la cualidad de las alternativas influye en el grado de la disonancia. Así, cuanto mayor es el número de alternativas para escoger, mayor disonancia después de la elección, ya que hay que renunciar a muchas cosas para quedarse con una sola.

    Por último, habrá que añadir que cuanto más diferentes (cualitativamente hablando) son las alternativas o posibilidades para elegir, mayor grado de disonancia se presenta una vez tomada la decisión (suponiendo que no habrá grandes diferencias de atracción entre las diversas posibilidades).

    Cada vez que una persona se halla en condiciones de realizar o continuar un esfuerzo, a fin de alcanzar una meta que se ha propuesto y no llega a alcanzarla, experimentará inmediatamente disonancia.

    Esto es debido a que su cognición o conocimiento de estar realizando un esfuerzo es disonante con su cognición de no haber alcanzado la meta, es decir, que sus esfuerzos no han culminado con éxito.

    Una de las formas que se da con frecuencia para reducir este tipo de disonancia es tomar algo del entorno, algo secundario y sobrevalorarlo, aún cuando éste sustituto no tuviera inicialmente ningún valor o no estuviese en la mente de la persona el hacerlo.

    De aquí que mucha gente ante un fracaso afirme que "de las equivocaciones también se aprende, o que, lo sucedido le servirá para evitar errores en el futuro". Todo ello no son sino intentos de justificación, a fin de reducir la disonancia aparecida, ya que a nadie le gusta cometer errores ni tropiezos, aunque de ellos pueda sacar una lección provechosa. Existen otros métodos más gratificantes de aprender y todo el mundo prefiere sacar sus enseñanzas de ellos.

    Cuando el esfuerzo a realizar es menor, lógicamente, la disonancia introducida ante un fracaso también es menor y en consecuencia, ese intento de autojustificación también lo es.

    • c. La tentación como causa de disonancia

    Cuando una persona realiza algo que ella considera inmoral o no ético (independientemente de la consideración que pueda tener para otras personas) a fin de conseguir una "recompensa", el conocimiento o cognición de que el acto es inmoral es disonante con el hecho de haberlo cometido.

    Al igual que sucede en otras ocasiones, tenderá a reducir esa ansiedad, esa disonancia que se ha producido y una de las formas más comunes de realizarla es precisamente con un cambio de actitud. Esto es, tratar de autoconvencerse de que en el fondo tampoco ha sido tan grave lo que ha hecho. O dicho de otra manera, que el acto cometido no es tan inmoral o tan poco ético como pensaba al principio, antes de cometerlo.

    Así pues, de acuerdo con la teoría de la disonancia cognitiva, después de que alguien ha cometido un acto poco ético, sus actitudes hacia dicho acto serán más indulgentes de lo que fueron anteriormente.

    También lo contrario es fuente de disonancia. Esto es, cuando una persona rehúsa cometer un acto que ella considera inmoral o no ético (independientemente de la consideración que puede tener para otras personas), con ello pierde una "recompensa", el conocimiento o la cognición de que ha perdido una recompensa es disonante con la cognición de lo que ha hecho.

    Nuevamente habrá un intento de reducir ese malestar o disonancia, suele ser muy corriente en esta situación un cambio de actitud. Si bien, en este caso, el cambio incidirá en la misma dirección. Esto es, ahora sus actitudes hacia dicho acto serán más severas de lo que fueron anteriormente. De ésta forma, se puede autojustificar por haber hecho lo que ha hecho.

    • d. Los hechos consumados como causas de la disonancia

    Con mucha frecuencia, la gente se encuentra ante el hecho de que tiene que sufrir una experiencia desagradable. El conocimiento que esas personas tiene de lo que sucede es o será desagradable, es disonante con el conocimiento de tener que soportarlo. En esta situación, la forma más típica de reducir la disonancia así introducida es autoconvenciéndose de que en realidad la situación no era tan mala ni tan desagradable como en principio le parecía.

    Hasta ahora hemos podido observar que el hombre no necesita a nadie para poder experimentar disonancia, de la misma forma que tampoco ha necesitado el concurso de otras personas para reducirla. Se ha bastado a sí mismo como fuente de reducción de disonancia.

    A lo largo de este tema podremos probar cómo los grupos en los que está inmerso, o con los que se relaciona cualquier persona, pueden ser también origen o reductores de disonancia.

    • e. El grupo como causa de la disonancia

    Son varias las circunstancias en las que el grupo puede ser una fuente de disonancia.

    El hombre no es siempre capaz de predecir el comportamiento o las relaciones que van a establecerse en los grupos en los que se integra o con los que se relaciona.

    De esta forma puede surgir disonancia si sus cogniciones o conocimientos respecto a su esfuerzo e inversión de tiempo y dinero, no encajan adecuadamente con el conocimiento de los aspectos negativos de estos grupos.

    Dos son las formas básicas de reducir su disonancia en estas circunstancias:

    a) Autoconvencerse de que en el fondo no hubo ni tanto esfuerzo ni tanto gasto, por lo que tampoco ha perdido mucho y no merece la pena seguir preocupándose del tema.

    b) Sobrevalorar al grupo, de tal forma que cierre los ojos a los aspectos negativos del mismo, viendo solo aquellos que son positivos.

    La selección de uno u otro sistema va a depender también del "coste social" que haya tenido que pagar. Así, quienes hayan tenido una iniciación más desagradable para incorporarse al grupo, aumentarán su nivel de agrado por los miembros. Aquellos que no tuvieron que hacer esfuerzos por incorporarse, podrán sentir menos agrado por el grupo.

    c) Acciones forzadas: En determinadas ocasiones los grupos en los que se muestran inmersas las personas (por ejemplo las organizaciones donde prestan servicios) obligan a éstos a manifestarse abiertamente de una forma que aparece disonancia en el mismo momento de ejecutar esos actos.

    La forma más "natural" de reducir esa disonancia sería un cambio de actitudes. Esto es, un cambio en sus creencias, de tal manera que tienda a coincidir en un grado mayor con las acciones ejecutadas.

    El grado de disonancia estará en función de la "recompensa" obtenida y de la presión efectuada.

    Si una persona se ve forzada a realizar acciones o declaraciones contrarias a sus creencias para recibir a cambio una pequeña recompensa, cambiará su creencia particular en la misma dirección de la conducta expresada en público. Según vaya aumentando su "recompensa", irá disminuyendo el grado en el que se modifica su opinión particular al respecto. Así pues, la disonancia es mucho mayor cuanto menor es lo que se obtiene a cambio. La forma mejor de reducir esa disonancia o discrepancia entre lo que cree y lo que dice o hace, es precisamente cambiar su opinión particular, de tal manera que sus creencias tiendan a coincidir con su conducta.

    Con respecto a la presión social efectuada, cabe señalar que si ésta es excesivamente fuerte, en este caso la disonancia que se presenta es menor que la esperada y en consecuencia, aunque se realicen los actos deseados, no por ello se consigue un cambio de opinión al respecto.

    • f. El grupo como motor reductor de la disonancia

    Dos son los métodos empleados para reducir la disonancia con el apoyo del grupo o a través de éste. Generalmente, las personas utilizan ambos simultáneamente.

    Un primer sistema consiste en buscar el apoyo y el contacto de aquellas personas que ya creen y están de acuerdo con aquello que él desea creer y convencerse. Un segundo sistema para reducir la disonancia consiste en convencer a otros de que también crean en aquello que él quiere creer o convencerse.

    Como ya hemos dicho anteriormente, ambos sistemas se pueden emplear simultáneamente, si bien la elección de uno u otro en primer lugar, dependerá de factores varios.

    De esta manera, si una persona tiene ideas bastante claras y perfectamente consonantes entre sí todos sus conocimientos y se enfrenta con alguna otra persona cuyas ideas y opiniones no estén de acuerdo con las suyas, aparecerá un disonancia que romperá el equilibrio y la armonía interna. En éste caso, su primera reacción para restablecerse el equilibrio será la utilización del segundo sistema. Esto es, tratará, en primer lugar de convencer a su interlocutor de que está en un error y que lo correcto y adecuado es lo que él piensa.

    Pero también puede suceder que una persona con unas ideas iniciales bastantes concordantes entre sí, haya tenido ya unos enfrentamientos con personas que opinan de diferente manera, lo que hace que sus convicciones empiecen a perder fuerza y que su disonancia vaya aumentando. Si vuelve a tener un enfrentamiento con otra persona que mantenga lo contario que él, es posible que intente convencerla de que está en un error. No obstante y aún cuando consiga hacerlo, es muy poca la disonancia que reducirá, ya que el verdadero problema no es esa persona. En ese caso lo que hará con más probabilidad es echar mano del primer sistema, esto es, buscará el apoyo de personas que crean como él.

    Esto le dará nuevamente fuerza, ya que tendrá la ocasión de conseguir nuevos argumentos y que al mismo tiempo echen por tierra las ideas y las opiniones de sus contrincantes, que son lógicamente disonantes con las suyas.

    2.3- IMPLICANCIAS

    a- Una vida sin disfraces

    Todos solemos contemplar con admiración a las personas, las familias o las instituciones que están basadas en principios sólidos y hacen bien las cosas. Nos admira su fuerza, su prestigio o su madurez, y habitualmente nos preguntamos: ¿Cómo lo logran? Tendría que aprender a hacerlo así.

    Lo malo es que muchas veces buscamos un consejo que sea una solución rápida y milagrosa a nuestros problemas, como si fuera todo cuestión de una especie de sencilla cosmética de los valores.

    Sin embargo, desde los filósofos griegos hasta nuestros días, los autores que han estudiado seriamente la búsqueda humana de las claves del vivir con acierto, se han centrado básicamente en los esfuerzos que el hombre hace por integrar profundamente en su naturaleza ciertos principios y valores como la honestidad, la justicia, la generosidad, el esfuerzo, la paciencia, la humildad, la sencillez, la fidelidad, el valor, la mesura, la lealtad, la veracidad, etc. Y no como una cuestión cosmética sino profunda, que busca cambiar por dentro a la persona, constituir hábitos y rasgos que conformen con hondura el propio carácter.

    Puedes producir de modo ficticio una buena imagen en un encuentro o un trato más o menos ocasional, pero difícilmente podrás mantener esa imagen en una convivencia de años con tus hijos, tu cónyuge, tus compañeros o tus amigos. Si no hay una integridad personal profunda y un carácter bien formado, tarde o temprano los desafíos de la vida sacan a la superficie los verdaderos motivos, y el fracaso de las relaciones humanas acaba imponiéndose sobre el efímero triunfo anterior.

    Hay personas que presentan una imagen exterior de cierta categoría personal, y logran incluso un considerable reconocimiento social de sus supuestos talentos, pero carecen en su vida privada de una verdadera calidad humana. Antes o después, y de modo inevitable, esa mezquindad personal se traslucirá en su vida social y en todas sus relaciones personales prolongadas.

    b- Balance de la propia vida

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    Hay vidas llenas de aparente éxito que son profundamente infelices y están dominadas por el desencanto ante ese estilo de vida, quizá espléndido en sus resultados, pero que se percibe como suplantador del que se hubiera debido tomar.

    A muchas personas les cuesta abordar esa pregunta tan sencilla y tan crucial como es ¿por qué y para qué vivo?, ¿qué sentido debe tener mi vida? Tienden a eludir esa cuestión, a aplazarla continuamente, como esperando a que la misma vida se lo acabe descubriendo.

    Lo malo es que, si lo retrasan mucho, corren el riesgo de encontrarse un día con la impresión de haber vivido hasta entonces sin apenas sentido. Y cuanto más tarde sucede esto, más difícil resulta corregir el rumbo. Tanto, que a muchos entonces ese descubrimiento les llena de angustia y lo sepultan bajo la adicción al trabajo, una pose escéptica o un activismo irreflexivo.

    Hay etapas en la vida que propician más esa tendencia a hacer balance de la propia vida: la adolescencia, el término de los estudios, la crisis de madurez de los cuarenta o cuarenta y cinco años, la jubilación, la pérdida de facultades propia de la entrada en la ancianidad, etc.

    En muchos de esos balances existenciales es fácil pensar (en muchas ocasiones con poca objetividad) que se podría haber hecho mucho mejor uso de ese tiempo de vida ya consumido. Y por eso pueden dejar un cierto sabor amargo, de lo que pudo ser y no fue, de tantas limitaciones, de tantos errores y fracasos.

    Pero también esas crisis pueden ayudar a rectificar una vida equivocada. Serán útiles en la medida en que ayuden a tomar conciencia de los errores (y descubrir, por ejemplo, que había bastante mediocridad, o que junto a un cierto éxito exterior se ha llegado a una situación de grave empobrecimiento interior, o que se estaba demasiado centrado en uno mismo, etc.). Podemos sacar provecho, y mucho, en la medida en que ese balance se aborde con ilusión y esperanza de cambiar, sin ignorar las conquistas y aciertos pasados, y sin hacer tabla rasa de todos esos empeños que valieron verdaderamente la pena y que también jalonan nuestra vida.

    Es cierto que los viejos hábitos ejercen sobre nosotros una inercia muy fuerte, y que romper con modos de ser o de hacer muy arraigados puede resultarnos verdaderamente costoso. A veces, no nos bastará con sólo una firme resolución y nuestra propia fuerza de voluntad, sino que necesitaremos de la ayuda de otros. Para superar hábitos negativos, como por ejemplo los relacionados con la pereza, el egoísmo, la insinceridad, la susceptibilidad, el pesimismo, etc., puede resultar decisiva la ayuda de personas que nos aprecian. Si se logra crear un ambiente en el que resulte fácil comprender al otro y al tiempo decirle lo que debe mejorar, todos se sentirán a en tiempo comprendidos y ayudados, y eso es siempre muy eficaz.

    La reflexión sobre la propia vida aleja al hombre de la visión superficial de las cosas y le hace recorrer su propio camino. La vida le presenta numerosos interrogantes, de los que normalmente sólo obtiene respuestas parciales e incompletas, pero con una reflexión frecuente puede lograr que la multitud de preocupaciones, afanes y aspiraciones de la vida diaria no desvíen su atención de lo realmente valioso.

    Por eso es importante que el goteo de pequeños esfuerzos cotidianos no ocupe con tal fuerza el primer plano de nuestra atención que deje sin espacio para las cuestiones de verdadera relevancia.

    c- Aprender a ser feliz

    Es curioso cómo muchas personas piensan que la felicidad es algo reservado para otros y muy difícil de darse en sus propias circunstancias. Corremos el peligro de pensar que la felicidad es como una ensoñación que no tiene que ver con el vivir ordinario y concreto. La relacionamos quizá con grandes acontecimientos, con poder disponer de una gran cantidad de dinero, gozar de una salud sin fisuras, tener un triunfo profesional o afectivo deslumbrante, protagonizar grandes logros del tipo que sea. Pero la realidad luego resulta bastante distinta a eso.




    Tampoco parece que disponer de un gran talento o gozar de muy buena salud sean el punto clave. Son cosas que pueden favorecer, que pueden crear un clima propicio para sentirse feliz, pero no siempre es así, pues todos hemos visto muchos ejemplos de personas muy inteligentes que han arruinado completamente sus vidas, o de otros que, por el contrario, con ocasión de la enfermedad han descubierto una nueva dimensión de su vida y han madurado y sido mucho más felices.

    Por ejemplo, muchas veces sufrimos, o nos embarga como un sentimiento de desánimo, o de agobio, o de fatiga interior, y no hay a primera vista una explicación externa clara, porque no hemos tenido ningún contratiempo serio, ni tenemos hambre, ni sed, ni sueño, ni nos faltan la salud o las comodidades que son razonables.

    Sin embargo, hay que pensar que es precisamente la decepción es la que nos brinda la oportunidad de mejorar y ser más felices. Igual que el dolor físico tiene la inestimable utilidad de avisar de que algo en nuestro cuerpo no va bien, esos dolores de que hablamos nos advierten de que algo en nuestro interior debe cambiar. Es positivo —además de natural— que notemos con intensidad el peso de nuestros errores: si no fuera así, sería muy difícil que nos corrigiéramos.

    Quizá el aprendizaje más duro de la vida sea el de la decepción: aceptar que las cosas, empezando por la realidad de nosotros mismos, no son como las queríamos, como las pensábamos, o como nos las habían contado; que las cosas no son tan sencillas, que la vida no es tan fácil. Pero, como ha escrito Enrique Rojas[14]La conquista de la felicidad no es algo a lo que se llega de modo improvisado o casual; se alcanza tras un largo esfuerzo sobre nosotros mismos, es como una obra de ingeniería personal continuada.

    d- Acertar en el estilo de vida

    Vistos retrospectivamente, muchos pequeños objetivos que en un momento de nuestra vida nos parecieron importantes y seductores, ahora, pasado el tiempo, los vemos como algo insustancial y de poco valor.

    Cuando somos engañados y dejamos de lado otros valores seguros para claudicar ante el espejismo del placer, o ante la inercia de la comodidad y el egoísmo, al final siempre acabamos por advertir —si somos sinceros con nosotros mismos— que aquello no nos condujo a nada.

    Son estilos de vida que, en sus comienzos, suelen presentarse ante nosotros con gran esplendor, y son enormemente atractivos y seductores. Pero sus consecuencias, los efectos que producen en el interior de las personas, pocas veces se dan luego a conocer con la crudeza que realmente tienen (a las víctimas de un engaño suele costarles admitirlo).

    Las personas que centran su vida en el placer o el egoísmo acaban por aburrirse de cada uno de los sucesivos niveles que van alcanzando, pues constantemente piensan en uno mayor y más excitante, en una cima más alta. Y esto es algo que sucede no sólo con los placeres propiamente dichos, sino también con la tendencia a rehuir el esfuerzo: cuando el hombre busca siempre el camino de mayor comodidad y menor exigencia, entonces su vida se va erosionando gradualmente: sus capacidades se van adormeciendo, su talento no se desarrolla, su espíritu se aletarga y su corazón se siente cada vez más insatisfecho, desencantado por lo fugaces que finalmente resultan sus efímeros logros.

    Es cierto que la mayoría de la gente procura vivir conforme a unos principios, aunque estén un poco difusos, y que son pocos los que se plantean formalmente vivir centrados en el placer. Pero si esos principios son difusos, es fácil que esas personas acaben un poco a merced de los estados de ánimo, acudiendo a arreglos transitorios para las crisis que se presentan en sus vidas, buscando evadirse mediante gratificaciones fugaces que les hagan olvidar un poco que aquello no va bien. Pero cada vez que sube la tensión en sus vidas, todo aquello que no funciona sale a la superficie, y quizá entonces se muestran hipercríticos, malhumorados, pesimistas, ensimismados, y la levedad de sus valores y principios acaba por llevarles, casi inadvertidamente, a una vida muy centrada en la comodidad y el egoísmo.

    La realidad de la vida es muchas veces dura y dolorosa, y cualquier esfuerzo nuestro por hacerla más habitable es siempre una aportación importante, para nosotros y para los demás. Cada vez que nos sacudimos la inercia y mantenemos el pulso de los valores y principios que nos inspiran, estamos contribuyendo —vayamos a favor o en contra de la corriente— a nuestra felicidad y a la de los demás. Lo que no podemos es abandonarnos en el regazo cálido y adormecedor de las inercias de la vida y luego quejarnos de su amargura.

    e- El riesgo del autoengaño

    La lectura de testimonios históricos, como el caso de Hitler, nos brindan ejemplos asombrosos y extremos del modo en que un hombre puede llegar a encerrarse en un mundo propio, hasta trasladarse por completo al reino de lo imaginario. Aquel triste y trágico episodio de la historia del siglo XX nació marcado por el autoengaño de negar la existencia de principios morales superiores que limitaran el poder y la persecución de sus inmorales objetivos, y puede servirnos para detenernos un instante y hablar de ese gran peligro del autoengaño, que, en diversa medida, nos acecha a todos en pequeñas cosas del acontecer ordinario de cada día.

    El hombre, al ser batido por la adversidad, se siente con frecuencia tentado a huir. Sin embargo, cualquier vida es difícilmente gobernable si no hay un constante esfuerzo por estar conectado a la realidad, si no se permanece en guardia frente a la mentira, o frente la seducción de la fantasía cuando se presenta como un narcótico para eludir la realidad que nos cuesta aceptar.

    La tentación de lo irreal es constante, y constante ha de ser la lucha contra ella. De lo contrario, a la hora de decidir qué hay que hacer, no nos enfrentaremos con valentía a la realidad de las cosas para calibrar su verdadera conveniencia, sino que caeremos en algún género de escapismo, de huida de la realidad o de nosotros mismos. El escapista busca vías de escape frente a los problemas. No los resuelve, se evade. En el fondo, teme a la realidad. Y si el problema no desaparece, será él quien desaparezca.

    El autoengaño puede presentarse en formas muy variadas. Hay personas, por ejemplo, que caen en él porque necesitan continuas manifestaciones de elogio y aprobación. Su sensibilidad al halago, al continuo "tiene usted razón" sin tenerla, hace desplegar a su alrededor servilismos capaces de idiotizar a cualquiera. Son personas difíciles de desengañar, pues exigen que se les siga la corriente, que se mienta con ellos, y acaban por enredar a los demás en sus propias mentiras. Son presa fácil de los aduladores, que los manejan a su antojo, y aunque a veces adviertan que se trata de una farsa, no suele bastarles para salir de ella.

    La verdad, y en especial la verdad moral, no debe acogerse como una limitación arbitraria al obrar libre de las personas, sino, por el contrario, como una luz liberadora que permite dar una buena orientación a las propias decisiones. Acoger la verdad lleva al hombre a su desarrollo más pleno. En cambio, eludir la verdad o negarse a aceptarla, hace que uno se inflija un daño a sí mismo, y casi siempre también a los demás. La verdad es nuestro mejor y más sabio amigo, siempre dispuesto y deseoso de acudir en nuestra ayuda. Es cierto que a veces la verdad no se manifiesta de forma clara, pero hemos de esforzarnos para que no resulte que esa falta de claridad sólo se da en nuestro pensamiento, al que aún no hemos impulsado lo necesario en búsqueda de la verdad.

    2.4- EDUCAR DESDE LA COHERENCIA

    Romano Guardini[15]El factor más eficaz para educar es cómo es el educador; el segundo, lo que hace; el tercero, lo que dice. Son importantes los consejos que se dan, o las cosas que se mandan, pero mucho antes está lo que se hace, los modelos que presentan, las cosas se valoran, cómo unos y otros se relacionan entre sí. Y hay personas que en esto son auténticos maestros, mientras que otros, por el contrario, son un verdadero desastre.

    La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional. El modo en que los padres tratan a sus hijos (ya sea con una disciplina estricta o con un desorden notable, con exceso de control o con indiferencia, de modo cordial o brusco, confiado o desconfiado, etc.), tiene unas consecuencias profundas y duraderas en la vida emocional de los hijos, que captan con gran agudeza hasta lo más sutil.

    Algunos padres, por ejemplo, ignoran habitualmente los sentimientos de sus hijos, por considerarlos algo de poca importancia, y con esa actitud desaprovechan excelentes oportunidades para educarles.

    Otros padres se dan más cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero su interés suele reducirse a lograr, por ejemplo, que su hijo deje de estar triste, o nervioso, o enfadado, y recurren a cualquier medio (incluido el premio material inmerecido o inadecuado, y a veces hasta el engaño o el castigo físico), pero rara vez intervienen de modo inteligente para dar una solución que vaya a la raíz del problema.

    Otro tipo de padres, de carácter más autoritario e impaciente, suelen ser desaprobadores, propensos a elevar el tono de voz ante el menor contratiempo. Son de esos que descalifican rápidamente a sus hijos, y saltan con un « ¡No me contestes!» cuando su hijo intenta explicarse. Es difícil que logren el clima de confianza que exige una correcta educación de los sentimientos.

    Hay, por fortuna, muchos otros padres que se toman más en serio los sentimientos de sus hijos, y procuran conocerlos bien, y aprovechar sus problemas emocionales para educarles. Son padres que se esfuerzan por crear un cauce de confianza que facilite la confidencia y el desahogo. Y saben hablar en ese plano de igualdad al que se refería aquel alumno mío: se dan cuenta de que con el simple fluir de las palabras se alivia ya mucho el corazón de quien sufre, pues exteriorizar los sentimientos y hablar sobre ellos con alguien que esté dispuesto a escuchar y a comprender, es siempre de gran valor educativo. Manifestar los propios sentimientos en una conversación confiada es una excelente medicina sentimental.

    Los niños que proceden de hogares demasiado fríos o descuidados desarrollan con más facilidad actitudes derrotistas ante la vida. Si los padres son inmaduros o imprevisibles, crónicamente tristes o enfadados, o simplemente personas distantes o sin apenas objetivos vitales, o con vida caótica, será difícil que conecten con los sentimientos de sus hijos, y el aprendizaje emocional será forzosamente deficiente.

    Padres imprevisibles son aquellos que tratan a sus hijos de manera arbitraria. Quizá cuando están de mal humor los maltratan, pero si están de buen humor les dejan escapar de sus deberes o su responsabilidad en medio del caos; y así está claro que será difícil que logren nada.

    Si el reproche o la aprobación pueden presentarse indistintamente en cualquier momento y lugar, dependiendo de si les duele la cabeza o no, o si esa noche han dormido bien o mal, o si su equipo de fútbol ha ganado o perdido el último partido, de esa manera se crea en el hijo un profundo sentimiento de impotencia, de inutilidad de hacer las cosas bien, puesto que las consecuencias serán difícilmente predecibles. Por eso suelen fracasar aquellos padres que alternan imprevisiblemente el exceso de benignidad con el de severidad.

    Práctica democrática

    3.1- LA DEMOCRACIA. ASPECTO HISTÓRICO. CONCEPTO

    a- Antigua Atenas

    La palabra griega "democracia" ("el gobierno del pueblo") fue inventada por los atenienses para definir un sistema de gobierno de la ciudad en el cual las decisiones eran tomadas por la asamblea de ciudadanos, y no por un rey o emperador como en otras ciudades o imperios de la antigüedad.

    Sin embargo la mayor parte de la población de Atenas estaba integrada por esclavos, y ni estos ni las mujeres eran considerados ciudadanos. Por esta razón la democracia ateniense tiene pocas similitudes con la democracia moderna, íntimamente vinculada a la abolición de la esclavitud y a los derechos humanos.

    La democracia ateniense estaba basada en la selección de representantes por sorteo y las decisiones en otros casos por mayoría. La asamblea compuesta por todos los ciudadanos varones de Atenas votaba directamente. Los electos no tomaban las decisiones — los atenienses consideraban que dar el poder de tomar decisiones a los representantes electos era retirárselo al pueblo, convirtiendo el estado en una oligarquía. La democracia significaba (y para algunos aún significa) la igualdad ante las decisiones y ante la elección de decisiones y no la elección de personas encargadas de decidir (ver democracia representativa). Existían pocos mecanismos de control del poder de la asamblea o límites al mismo, con la notable excepción llamada Graphe Paranomon (también votada por la asamblea), que hacía ilegal aprobar una ley que era contraria a otra.

    Por otra parte, la democracia moderna tiene sus propias limitaciones en comparación al modelo antiguo, ya que para la mayor parte de los ciudadanos se reduce a votar, y el hecho de votar se limita a una única ocasión cada cierto número de años, los votantes sólo pueden elegir sus representantes en los ámbitos legislativo o ejecutivo (con la ocasional excepción de algún referéndum) y son esos representantes y no los votantes quienes tienen el poder de decidir los asuntos de estado. Sin embargo, en su época y para las sociedades euroasiáticas, no se había alcanzado nunca una proporción tan grande gente interviniendo en el gobierno, de modo que esa ampliación de personas participando del poder político era efectivamente visualizada como una democracia.

    Durante la edad dorada de la Atenas clásica, en el siglo V a. de C., en el que fue la ciudad-estado hegemónica en la Hélade, los atenienses promovían la democracia en el exterior. Ello condujo a la adopción de formas de gobierno democráticas o quasi-democráticas en varias ciudades aliadas o dependientes de Atenas. Sin embargo, el siglo V a. de C. vio la división del mundo griego a causa de las Guerras del Peloponeso, en las que Atenas se enfrentó a una liga de ciudades dirigida por Esparta. Esparta venció y la democracia fue abolida en todas las polis griegas que la habían adoptado. Aunque los atenienses restauraron su democracia en menos de un año, no se encontraban ya en situación de promoverla en el exterior y la democracia comenzó su declinar.

    Posteriormente, pero también en el periodo conocido como mundo antiguo, la República Romana elegía a sus dirigentes y aprobaba leyes mediante asambleas populares. Sin embargo, el sistema había sido manipulado en favor de los ricos y los nobles, por lo que no se suele considerar a la República Romana como una democracia.

    b- La antigua Roma

    La democracia romana era similar a la ateniense, aunque concediese a veces la ciudadanía a quienes no eran de origen romano. El estoicismo romano, que definía a la especie humana como parte de un principio divino, y las religiones judía y cristiana, que defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad de todos ante Dios, contribuyeron a desarrollar la teoría democrática moderna.

    La República romana degeneró en el despotismo del Imperio. Las ciudades libres de las actuales Italia, Alemania y Países Bajos siguieron aplicando algunos principios democráticos durante la edad media, especialmente, en el autogobierno del pueblo a través de las instituciones municipales. Los esclavos dejaron de constituir una parte mayoritaria de las poblaciones nacionales. A medida que el feudalismo desaparecía, surgía, a su vez, una clase media comercial y rica que disponía de los recursos y tiempo necesarios para participar en los asuntos de gobierno. Resultado de esto fue el resurgimiento de un espíritu de libertad basado en los antiguos principios griegos y romanos. Los conceptos de igualdad de derechos políticos y sociales se definieron aún más durante el Renacimiento, en el que se vio potenciado el desarrollo del humanismo, y más tarde durante la Reforma protestante en la lucha por la libertad religiosa.

    3.2- Origen y etimología

    El término democracia proviene del antiguo griego (d?µ???at?a) y fue acuñado en Atenas en el siglo V a. C. a partir de los vocablos d?µ?? («demos», que puede traducirse como «pueblo») y ???t?? (krátos, que puede traducirse como «poder» o «gobierno»). Sin embargo la significación etimológica del término es mucho más compleja. El término «demos» parece haber sido un neologismo derivado de la fusión de las palabras demiurgos (demiurgi) y geomoros (geomori). El historiador Plutarco señalaba que los geomoros y demiurgos, eran junto a los eupátridas, las tres clases en las que Teseo dividió a la población libre del Ática (adicionalmente la población estaba integrada también por los metecos, esclavos y las mujeres). Los eupátridas eran los nobles; los demiurgos eran los artesanos; y los geomoros eran los campesinos. Estos dos últimos grupos, «en creciente oposición a la nobleza, formaron el demos». Textualmente entonces, «democracia» significa «gobierno de los artesanos y campesinos», excluyendo del mismo expresamente a los ilotas (esclavos) y a los nobles.

    3.3- VALORES DEMOCRÁTICOS

    La democracia es más que un sistema de gobierno, pues está comprendida de valores y principios que estimulan las estructuras de la sociedad y se reflejan en la vida cotidiana de todos y todas, que implica la conciencia ciudadana y la libertad para actuar y asumir una responsabilidad, ofreciendo garantías, respeto y tolerancia.

    Tanto los gobernantes como los ciudadanos y las ciudadanas deben asumir los principios de la democracia.

    3.3.1- ¿Cuáles son los valores democráticos?

    Los valores democráticos son:

    • a. Integridad

    Significa el tipo de vida que una persona lleva en concordancia con su estado de conciencia. Esta palabra implica rectitud, honradez: alguien en el que se puede confiar. Por ejemplo, aquella persona que siempre cumple con la promesa hechas.

    La recompensa por la «integridad» demostrada enriquece, pues las personas que están alrededor se dan cuenta de que pueden «confiar» en ellas y en sus acciones; de esta manera se convierten en personas dignas de confianza.

    • b. Honestidad

    Cualidad de una persona razonable, justa, que no miente, que es decorosa y decente, que cumple con sus obligaciones y responde con claridad ante las demandas de la ley del Estado.

    Cuando se carece de honestidad, surge la incertidumbre, la desconfianza y el debilitamiento de los lazos sociales.

    • c. Libertad

    El ser humano es capaz de decidir por sí mismo. Esta condición le permite optar, elegir entre distintas alternativas, es considerada como sinónimo de autonomía.

    • d. Respeto

    En la democracia es de vital importancia el respeto a las leyes, pues éstas constituyen parámetros de conducta para los ciudadanos y para la acción del Estado. La ley es objetiva, va más allá de los intereses personales.

    • e. Transparencia

    Es la capacidad de dejar a los demás mirar su interior sin sentir invadida su intimidad. Es necesaria para crear confianza en la democracia, condición que permite a una sociedad trabajar buscando objetivos comunes.

    Además de estos encontramos múltiples valores que, en definitiva, son necesarias a la hora de vivir una democracia propiamente dicha. Algunos de ellos son: el servicio, la solidaridad, el compromiso cívico, la responsabilidad, participación, pluralidad, etc., que conjugándolas forman un hombre democrático, coherente e íntegro.

    3.4- PARTICIPACIÓN Y DEMOCRACIA (DEMOCRACIA PARTICIPATIVA)

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    De acuerdo con Pasquino[16]la participación puede definirse como aquel conjunto de actos y de actitudes dirigidos a influir de manera más o menos directa y más o menos legal sobre las decisiones de los detentadores del poder en el sistema político o en cada una de las organizaciones políticas, así como en su misma selección, con vistas a conservar o modificar la estructura del sistema de intereses dominante.

    La participación implica una actitud activa manifestada en una serie de comportamientos ante o en relación a la vida política y las decisiones tomadas por el poder político. Además de ello, implica también un proceso relativamente espontáneo y autónomo.

    La participación supone un valor democrático en sí mismo considerado, en la medida en que constituye una expresión de la autonomía y de la libertad del ser humano. Ella tiene como objeto principal la democratización del espacio público.

    Pero también el ejercicio de la participación puede llevar a excesos que perjudiquen en vez de favorecer el desarrollo democrático. Pero la existencia de excesos en determinadas circunstancias no puede impedir la ampliación de campos y la intensificación de niveles de participación. La participación no debe ser necesariamente identificada ni con a actuación de grandes masas, ni mucho menos con su movilización; una participación y un conocimiento básico de los hechos políticos, y asimismo unas reglas de procedimiento.

    Por eso es importante identificar cuales son los espacios donde la participación sea a favor del crecimiento democrático y no sea causa de retroceso. Los espacios en donde puede haber una participación justa son, por ejemplo, en las elecciones o en el referéndum de una ley, etc.

    Con ellos se plantea "la participación democrática", que en gran medida a veces resulta un tanto impreciso y susceptible su concepción debido a las interpretaciones en función del contenido otorgado al mismo por los diferentes autores.

    Para algunos, la democracia participativa resulta equiparable en la práctica a la democracia. La democracia participativa no supone tanto la participación directa en el acto final de la adopción de decisiones políticas, sino participación en los procesos de decisión que conllevarán posteriormente a las acciones definitivas.

    3.5- PRACTICA DE LOS VALORES DEMOCRÁTICOS. NECESIDAD

    Monografias.com

    En Paraguay, luego de la transición de un estado de gobierno dictatorial, despótico, absolutista e imperialista, por así decirlo, en donde la opinión pública era la menos importante y hasta nula, cuyo representante de aquella gran desventura paraguaya por un periodo no menor que 35 años, mantuvo al país en un estado de "retraso mental" del cual hasta hoy se hace difícil salir pues las secuelas de los actos de vandalismos practicados por aquellos que deberían haber conducido al país al progreso y no al retroceso como lo hicieron, marcó profundamente los vivencias en valores y democracias. Ha creado una mentalidad arraigada en la idea de inferioridad, de pesimismo y desolación durante un largo periodo después de la caída de aquel sistema de gobierno unipersonal y acaparador.

    Pero tampoco buscamos restar méritos a aquel gobierno que de algún modo ha traído al país algunos progresos técnicos y materiales, pero la deshumanización es mayor a cualquier sistema materialista con que se haya intentado cubrir el retroceso intelectual, moral, espiritual, estructural, en gran parte de la población paraguaya. Los sueños trucados, la esperanza perdida, los ideales apagados y los pensamientos cercenados, fueron otras de las grandes descompensaciones sufridas.

    El sistema de gobierno actual, Democracia Representativa y Participativa, ha intentado paliar en, por los menos una parte, todo aquel desnivel socio-político y educativo imperante en ese entonces. La política de gobierno actual es la igualdad en los derechos, libertad en las opiniones y compromiso social y personal a la que cada ciudadano democrático está llamado a vivir y a manifestar dentro de su contexto social y personal.

    Aunque muchas de las personas de la generación pasada actualmente opinen que en aquellos tiempos la vida era mucho mejor a la actual, seria difícil concebir un estado de derecho sin libertad y oportunidades, en las que cada uno pueda explorar sus propias ideas y vagar en ella sin temor a ser tachados de conspiradores o revolucionarios; una sociedad en la vivir es un derecho y no un obstáculo, donde la felicidad se hace patente en cada uno y el compromiso social es en verdad una luz para los que andan tras ella; una sociedad que vive en democracia es una sociedad que cuenta con las posibilidades de progresar, de recoger los frutos de una buena cosecha que aquello que se había cultivado con sangre y muerte, con sudor y lagrimas, con pérdidas y sacrificios, pero donde se pudo ver la luz al final del camino.

    Quizá pensemos que no es la democracia que esperamos, pero es la que tenemos y esta hay que vivirla, y hacer de ella el sueño que esperamos.

    Una democracia no la hace ni los representantes gobierno solo, ni el pueblo solo, sino en la conjugación de ambos, con los valores como cimiento, con la educación como pilares y el desarrollo como meta.

    Por ello la gran necesidad de vivenciar cada uno de los valores, reflejadas en las actitudes de todo el pueblo, en la manifestación del compromiso mutuo y la gran satisfacción de ser libres.

    Ahora podemos hablar de una esperanza sincera, un sueño con fundamento, los ideales y pensamientos abiertos, con miras al bien y la realización social del Paraguay.

    Monografias.com

    Conclusión

    Al iniciar el esbozo de este trabajo había planteado la situación en las que nos pone como docentes, o futuros docentes, el curriculum de la educación paraguaya y la gran importancia que conlleva todo eso dentro de nuestro inicio de formación profesional como educadores de toda una sociedad y una cultura.

    Todo aquello encuentra su sentido en importancia de la práctica de los valores y de la coherencia de vida y la necesidad de las prácticas democracias.

    Pero además si nos ponemos a reflexionar respecto a todo los temas ya expuestos por los compañeros referente a la Crisis existencial o falta de un proyecto de vida. Características de los jóvenes de hoy, Abuso sexual, Aborto, Prostitución, Falta de comunicación con los mayores (desarraigo familiar y/o social), Alcoholismo, Drogadicción, Suicidio, Liderazgo y empatía. Manejo de conflictos, Opción sexual, etc. nos damos cuenta que todo ellos es por una crisis de valores y por una falta de sentido en sus vidas y por lo general las consecuencias que ellas traen suelen tener un gran impacto dentro de la persona, dentro de la comunidad, dentro de la sociedad, dentro del país y también a nivel mundial.

    Pero como todo tiene su fundamento en el sujeto, con libertad, autonomía, razón, el que el mundo sea cada vez mejor es también subjetivo. La práctica de valores, llevar una vida sin contradicciones, buscar una sociedad mas democrática es lo que hará de este mundo, de este país, de esta sociedad y del propio sean cada vez mejores.

    Pero el rol del docente desde esta perspectiva viene por partida doble, es decir, que no solamente debe vivenciar esos valores sino también enseñar a vivir esos valores dentro y fuera del ambiente escolar. Por ellos la importancia de que el educador no ceda el paso a la pasividad o al relativismo sino que esté en un constante reflexionar sobre sus acciones, sus conocimientos, sus actitudes y si es necesario, pulirlas todas las veces que sea necesario y desde ahí educar, formar, guiar, a los educandos.

    "Dar ejemplo no es la única manera de influir en los demás" (Dra. Ana María Polo)

    Bibliografía

    • 1- ABC Estudiantil 2001/2. Nros. 18, 20, 21, 22 y 23

    • 2- Carreras Llorenç y otros, "Cómo educar en Valores" 8ª Ed. 2001. Pág.19 – 24

    • 3- CETUC, Revista de Investigación y Reflexión Filosófica y Teológica. Año V. 2001. Pág.4 – 6

    • 4- Formación Ética y Ciudadana. Brígido Aguilera Vera. Primer curso. Año 2002. Pág. 166 – 175

    • 5- Ministerio de Educación y Cultura. Ciencias Sociales y sus Tecnologías. Plan Común. Tercer curso. Unidad 3. Año 2007. Pág. 124

    • 6- Ministerio de Educación y Cultura. Ciencias sociales y sus Tecnologías. Plan Común. Primer Curso. Año 2007. Pág. 92

    • 7- Páginas Web: www.google.com.py; www.wikipedia.com; www.wikiwik.com; www.labla.org

    Anexos

    1. Experiencias previas

    a. De este listado de valores, elige 7 y ordénalas según lo consideres importante:

    Vida 1. ____________________________

    Libertad

    Autonomía 2. ____________________________

    Respeto

    Responsabilidad 3. ____________________________

    Generosidad

    Solidaridad 4. ____________________________

    Confianza

    Verdad 5. ____________________________

    Paciencia

    Fidelidad 6. ____________________________

    Amistad

    Liderazgo 7. ____________________________

    Compromiso

    b. Has un listado de 5 valores que más se observan en la actualidad con sus respectivos antivalores.

    VALOR ANTIVALOR

    1.________________________ _________________________

    2.________________________ _________________________

    3.________________________ _________________________

    c. Has un listado de antivalores que más observas en el presente y colócale sus antivalores.

    ANTIVALOR VALOR

    1.______________________ _________________________

    2.______________________ _________________________

    3.______________________ _________________________

    d. Anota 3 valores que consideras que posees.

    1.________________ 2._______________ 3.________________

    d. Anota 3 valores de la persona quien esta a tu lado.

    1._________________ 2._________________ 3._______________

    2. Informe de Entrevistas realizadas

     

     

     

     

    Juan Gavriel Sarabia Barreto

    juangsb[arroba]hotmail.com

    [1] Filósofo griego considerado como uno de los más grandes tanto de la filosofía occidental como universal y como precursor de Platón y Aristóteles. Afirmaba insistentemente, lo, único que sabía, era que no sabía nada. Su divisa reproducía la máxima "conócete a ti mismo".

    [2] El término estoicismo proviene del lugar en el que Zenón comenzó a dar sus lecciones en el año 301 a.C., a saber, la Stóa poikilé (en griego St?a, stoa, pórtico), que era el "Pórtico pintado" del ágora de Atenas. Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa, y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia).

    [3] Tomas Hobbes: Filósofo materialista mecanicista, pensador, político: El "estado de naturaleza" el hombre vive una guerra de todos contra todos. «El hombre es un lobo para el hombre» (Homo homini lupus)

    [4] Max Ferdinand Scheler: Filósofo alemán. Durante toda su vida desenvolverá de forma original su interés por los problemas éticos y de la vida del espíritu. La teoría más llamativa y esencial de este filósofo alemán se conoce como la "Teoría de los valores", con su nuevo planteamiento de la ética fundada en la doctrina de los valores.

    [5] Reforma Joven. Ciencias Sociales y sus Tecnologías. 2º curso Vol. 2. Plan Común. 2008. Pág.262

    [6] Filósofo español. Su pensamiento, plasmado en numerosos ensayos, ejerció una gran influencia en varias generaciones de intelectuales.

    [7] Raciovitalismo: Teoría de José Ortega y Gasset que plantea una forma de vida radical de acuerdo con la razón y con la realidad

    [8] Ciencias Sociales y sus Tecnologías. Segundo Curso. Vol. 2. Unidad 8. Pág. 264

    [9] Emmanuel Kant: nació en 1724 y murió en 1804, filósofo alemán, considerado por muchos como el pensador más influyente de la era moderna.

    [10] Hábitos operativos, infundidos por Dios en el alma para disponerla a obrar según el dictamen de la razón ilustrada por le fe. Por ejemplo: amor, fe, esperanza, caridad.

    [11] Jean Paul Sartre (1905 - 1980), filósofo y escritor francés, principal propulsor del existencialismo y el dualismo; literato de gran trayectoria, para una mejor representación de su pensamiento incursionó en el teatro y en la novela.

    [12] Filósofo griego, de la escuela estoica, que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Más que un filósofo, fue un moralista

    [13] Autor de A Theory of Cognitive Dissonance (1957), obra en la que expone su teoría de la disonancia cognitiva, que revolucionó el campo de la psicología social, y que ha tenido múltiples aplicaciones en áreas tales como la motivación, la dinámica de grupos, el estudio del cambio de actitudes y la toma de decisiones, etc. En su teoría, señala que en la mente de los sujetos se puede distinguir una serie de conocimientos o elementos (cogniciones) "... es decir todo lo que una persona sabe acerca de sí misma, de su conducta y de sus circunstancias" y que algunos de estos conocimientos pueden ser contradictorios, no sólo desde el punto de vista lógico, sino también desde el psicológico, entre sí, p. ej., la idea de que el código de la circulación ha de ser respetado puede estar en contradicción con el conocimiento de que en este momento me estoy saltando un semáforo rojo.

    [14] Enrique Rojas Montes (Granada, 1949) es un psiquiatra español. Sus trabajos de investigación se centran en tres temas: las depresiones, la ansiedad y los trastornos de la personalidad.

    [15] Teólogo católico alemán. Estudiante de química y de economía en Tubinga y en Berlín, cursó los estudios eclesiásticos y fue ordenado sacerdote. Fue profesor de dogmática en Bonn (1922), de filosofía católica en Berlín (1923) y maestro en el arte de la interpretación; ejerció una considerable influencia en la juventud católica alemana después de la I Guerra Mundial. Su cátedra fue suprimida en 1939 por el régimen nacionalsocialista.

    [16] Gianfranco Pasquino (Italia) Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Bolonia y Presidente de la Conferencia Política Italiana, fue Senador en 1983. Actualmente es miembro del Comité de asuntos constitucionales en Italia. (www.lablaa.org (biblioteca virtual)



    Fuente http://www.monografias.com/trabajos76/importancia-practica-valores/importancia-practica-valores.shtml

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